Latidos Patrios, por Martín Gimenez

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“Los viejos sueños, eran buenos sueños. No se cumplieron de la forma esperada, pero me alegro de haberlos tenido”

CAPÍTULO 1: «EL SABOR DEL ENCUENTRO»

Madrid, martes 8 de noviembre de 2022

Sentado a la mesa de un refinado restaurante italiano en el exclusivo barrio de Salamanca de Madrid, me encuentro cara a cara con Luis Enríquez Nistal. Luis, para mí, representa una de las personalidades más intrigantes y, por qué no decirlo, significativas de esta ciudad. Me esfuerzo por estar a la altura de la conversación, aunque no creo estarlo. Me planteo, ¿qué motivó a Luis compartir esta mesa conmigo?

A medida que iniciamos nuestra charla, Luis comparte detalles sobre su reciente viaje desde Nueva York, donde tuvo el honor de entrevistar a Gay Talese.

Para un periodista, esta experiencia equivale a ganar la Copa del Mundo o algo así.

Mientras escucho sus relatos, me sumerjo en un diálogo interno, cuestionándome a mí mismo.

Por un lado, disfruto de la dicotomía entre él y yo, y me planteo la interrogante: ¿dónde se encontraba él hace 36 años, durante el Mundial de México ’86?

Yo recuerdo mi ubicación exacta en cada momento de ese torneo, con tan solo 11 años y a una distancia de 12,000 kilómetros de esta mesa me resulta inmensa y remota la posibilidad de que ocurra este encuentro.

La distancia geográfica-temporal me parecía abismal, y, sin embargo, aquí estamos, compartiendo este encuentro.

Reflexiono sobre cómo la vida teje conexiones entre dos universos aparentemente distantes. Hace 20 años, llegué a España, acompañado por mi hermana Guadalupe, procedente de mi Argentina natal y sin papeles.

Martín y Guadalupe
Mi hermana y yo en Marbella.

¿Dónde estaría Luis Enríquez aquel 25 de junio de 2002, cuando pisamos suelo español? (dicho sea de paso, un 25 de junio de 1978 argentina se consagro campeón del mundo por primera vez, y sería la fecha en la que dentro de 8 años nacerá el primer hijo de mi hermana, mi ahijado Benjamín).

Me intriga saber qué hubiera sucedido si, en ese primer día en suelo madrileño, cuando nos recogió del aeropuerto de Barajas mi querido primo Mariano Bechara, nos hubiéramos cruzado con Luis en la calle. ¿Nos hubiéramos reconocido, o me habría pasado por alto debido a mi aspecto de inmigrante novato?

O quizás, de manera opuesta, mi mirada con hambre hubiera captado su atención. Me refiero a ese hambre que nutrió al niño que fui en el ’86 cuando Diego resolvió la gloria en dos jugadas, revelándome una realidad menos terrenal donde mis sueños podían expandirse sin límites.

Para completar la construcción de esos sueños, un día cualquiera de ese ’86, mi primo Chalo Longo me trajo una película de Rocky de un videoclub cercano al Sanatorio San Lucas de San Isidro, (hospital donde nací) y así como impartiendo una orden, me dijo: «Tienes que ver esto».

Vi esa película una y otra vez sin parar, y para mí, eso era la perfección.

Fue gracias a ROCKY que aprendí a amar el cine, completando así las aspiraciones que tenía para soñar en la vida.

Ese año dejó una huella mnémica en mi corazón, una marca que llevaré conmigo durante toda mi existencia y más allá, siendo decisiva en cada una de mis elecciones.

Aunque reconozco que la vida es mucho más que el fútbol y el cine, no me juzgo por ello. La pasión no se elige; simplemente es. Vivo en constante búsqueda de eso que da sentido a mi existencia.

Ese año, al igual que este 2022, fue un año de tatuaje. 1986 fue mi Génesis. Desde ese momento, tuve claro que no quería vivir como un mero espectador en el portal de la vida, viendo pasar las horas hasta la llegada de la muerte. Mis sueños eran jugar un Mundial o hacer una gran película, nada menos. Todo lo que no estuviera relacionado con eso me parecía insuficiente, y aún me lo parece.

Hoy veo que eso es falta de humildad, y estoy aprendiendo que la verdadera satisfacción espiritual se nutre de la misión existencial que se descubre mediante la vocación, al final no es tan importante que te iluminen o no los focos sino descubrir de que lado de la vida quieres estar, que tienes para dar en esa causa, y dar tu aporte sin esperar recompensa.

A medida que crecía, llegó la hora de enfrentarme a la verdad y no estuve a la altura. Tal vez no era mi momento, quizás no estaba listo. No me habían crecido los colmillos aún.

El miedo a fallar, sumado a mi realidad burguesa que había durado desde mi nacimiento hasta el “corralito”, me llevó a tomar decisiones que no estaban alineadas con mis objetivos iniciales. Elegí ser publicista cuando mi corazón anhelaba ser futbolista o director de cine.

Me quedé a mitad de camino.

Fue como salir a empatar y esperar la definición por penales (penaltis), y eso normalmente termina mal.

«Algunos nacen con estrella y otros nacen estrellados», solía decir mi madre.

Para ella yo nací con estrella.

No sé si es así, pero en términos generales, creo que la vida ha sido generosa conmigo.

O como dice mi amigo Daniel Pérez Barriga «El corcho siempre flota».

La fortuna de perder a tiempo por el fatídico «corralito» llevó mi vida al límite, transformándose en la «Arabia Saudita» de mi existencia. Este revés trastocó todos mis esquemas y, sobre todo, me forzó a desprenderme mis miedos, me eseñó a ser flexible y a centrarme en mi deber.

Dicen qué ante situaciones extremas, soluciones extremas, y yo con dolor, opté por abandonar mi país.

Nuestra realidad económica sufrió una metamorfosis radical, y a los 27 años, eso nos trajo a España.

Luis Enríquez me mira después de ordenar un vino y solucionar una decena de llamadas telefónicas, y me pregunta con amabilidad: «¿Cómo estás, querido?».

A pesar de que tengo buena conversación, comienzo la charla con precaución, planteando preguntas abiertas, y bajo el influjo de mi instinto «periodístico», comienzo a entrevistarlo sin que él lo note.

O ¿fue al revés?

Quizás fue él quien me entrevistó a mí, y aún no me he dado cuenta.

Sea como sea, poco a poco nos fuimos reconociendo.

Mi diálogo interno persiste, y nuevamente me pregunto a mí mismo: ¿Por qué esta persona, cuyo tiempo tiene un valor incalculable, va a dedicarme las próximas dos horas de su vida?

Le estoy agradecido, aunque nunca se lo haya expresado.

Entonces, otra vez en mi dialogo interno me invade el recuerdo de aquel día en el que tuve que alquilarle un cuarto en San Pedro de Alcántara a unos ecuatorianos Testigos de Jehová para evitar dormir en la calle. ¿Dónde estaría Luis en ese momento de mi vida?

Recuerdo claramente mi primer amanecer en aquel cuarto ajeno y extraño, en el verano de 2002 en Marbella. Desperté sobresaltado, desorientado por el espacio desconocido. A medida que la luz ascendía, mi mirada se clavó en un póster de Riquelme con la camiseta del F.C. Barcelona en la pared, ya que este acababa de ser fichado por el equipo culé.

En ese momento, me sentí un poco más en casa. Quizás por eso, tengo devoción por Román, ya que en mis horas más tristes, se convirtió en una suerte de refugio.

Es curioso porque adoro a lo que Riquelme fue y estoy alejado de lo que Riquelme es, hubiera preferido que se quede en el poster.

Casuálmente, cuando Riquelme llegó al equipo catalán el entrenador de ese Barcelona era Louis Van Gaal, quien más tarde complicaría la vida de Román por sus rígidas y caprichosas maneras de ver el fútbol. Por otra parte, Riquelme, cuando se enfadaba, solía celebrar los goles poniendo sus manos en sus oídos, en un gesto de rebeldía.

En un futuro ya escrito, dentro de unas semanas, Messi «vengaría» a Román dedicándole un gol con ese mismo gesto, desafiando a un Van Gaal charlatán y caduco en la noche histórica del famoso «¿qué mira ‘bobo’?», donde Leo, cambiando la piel y curtiéndose de pedacitos eternos de Diego, utilizó esa frase de camuflaje para su batalla definitiva, escupiendo al cielo y enseñándole los colmillos a ese destino que se afanaba en querer frustrarle su sueño más puro, que a su vez era el de todo un país.

Messi y Riquelme
Messi & Román

Este episodio me recordó a Michael Jordan, inventándose enemigos para motivarse, aunque en este caso no era un americano en la NBA, sino un argentino en un Mundial.

Los críticos habituales lo tildaron de sudaca maleducado, en lugar de reconocer en él a un espíritu rebelde desafiando el destino y sacando de cuentas a Dios.

Menos mal que no le dió un cabezazo a Materazzi en el pecho, de lo contrario, probablemente estaría entre rejas (comentario dirigido a aquellos que acomodan sus discursos según convenga).

¿Dónde estaría Luis? Aquella tarde en Plaza de Castilla en el año 2002, cuando a mi hermana y a mí solo nos quedaban 200€ en el bolsillo, y sin margen de error, nos dimos cuenta de que la situación era grave, que nuestro pasado y nuestra infancia habían desaparecido y abrazados, lloramos amargamente.

Después de ese llanto sanador y entre sollozos reparadores que ayudaban a cicatrizar los ánimos, decidimos irnos de Madrid a Marbella a trabajar en algún puesto de playa mientras esperábamos obtener el pasaporte italiano. La intención era hacer más llevadera esa espera, y, sobre todo, generar ingresos para poder comer.

Pero por encima de todo, en ese abrazo existía un compromiso tácito de lucha. Decidimos no ser víctimas, sino guerreros, y con el cuchillo entre los dientes, le dijimos a la vida: «¿Qué mira ‘boba’? Anda pa’alla».

Esa decisión fue como el gol de Leo a México, y a partir de ahí, todo comenzó a cambiar. Vimos la luz al final del túnel, y fue fundamental, ya que tiempo después, Marbella se convertiría en el retiro de mis padres (a quienes siempre les estaré agradecido por los valores que me dieron y por la infancia que me regalaron) y de mis hermanos con sus futuras familias.

Aunque en mi caso, era diferente, mi corazón se quedó en Madrid.

Los padres de Martín
Mis padres

Mientras Luis Enríquez compartía sus palabras, yo continuaba haciéndome preguntas.

Me cuestionaba, ¿dónde estaría aquella primera noche que dormí en el hostal «Paquita»? Este señor frente a mí, hablándome como a un viejo amigo, capáz de codearse con políticos y grandes empresarios, enfrentándose a gente poderosa por defender sus convicciones (me consta), y al mismo tiempo, permitiéndo emocionarse con los detalles más insignificantes de un artículo de Talese… ¿acaso somos tan diferentes?

La charla con Luis se volvía muy cómoda. Este hombre, de educación impecable y sin arrugas en la camisa (camisa que yo mismo le hice a medida), me mostraba una humanidad que solo tiene la gente apasionada. Me brindó una lección magistral sobre lo que intúyo más ama: EL PERIODISMO.

La pasión que transmitía era tan clara que, instantáneamente, lo convertí en una causa. Y sin que él lo supiera, juré que todo lo que hiciera en el futuro, ya fuera contar una historia o relatar un suceso periodístico, sería siempre sin cobrar un céntimo por ello. Porque cuando esta vocación se convierte en profesión, la libertad se vuelve condición, la condición en intención, la intención en interés, y el interés manipula la veracidad, pervirtiendo la noticia haciéndola defensora de valores no auténticos, sometidos a miedos mundanos, especulativos y cortoplacistas, olvidando lo esencial, que a su vez es eterno.

El mercado mata la pasión artística más que cualquier otra cosa. Tiene que haber un lugar de pureza, de verdad profunda y sagrada que nadie sea capaz de profanar, y en ese lugar quisiera estar yo.

Ya sintiéndome «europeo» con mi pasaporte italiano me sentí libre y esa misma libertad, me llevó en el año 2003 de vuelta a Madrid, para trabajar como dependiente (pero libre) en Massimo Dutti de «Paseo de La Habana» por 780€ al mes, a metros del Bernabeú y enfrente de la casa de mi amigo del alma el Dr. Ignacio Pinazo (a quien conoceré años después), quién a su vez será el anestesista que asistirá a mi mujer en el parto de mi hijo, 7 años despúes.

Así fue como comencé a vivir intensamente esta ciudad.

FLOWER POWER

Hubo días gloriosos y fechas claves en estos años, pero a excepción del día en que nació mi hijo, no hay fecha más importante que aquella tarde de noviembre del 2003 (tal vez fue un 18 de noviembre, no lo recuerdo con certeza), que parecía ser como cualquier otra tarde.

Esa tarde conocí a Flor, aunque ella me no hizo ni casi (no me dió bola).

Martín y Flor
Flor y yo en Marbella.

Volvimos a encontrarnos varias veces en las siguientes semanas, y en uno de esos encuentros le aseguré (casi como explicándoselo) que en los próximos 50 años me iba a tener que soportar…

Llevo casi 20 años y un hijo, teniendo razón (por ahora). Menos mal que esto pasó hace dos décadas porque hoy podría considerarse advertencia ilícita e incitación al enamoramiento con delito de coacción e intimidación «machirula».

Flor y yo en New York

Flor también es argentina, de Santa Fe (cuna de talentos), y no voy a hablar de ella porque sé que no le gusta. Pertenece a una parte de mi vida privada que prefiero conservar en la intimidad (lo que pasa en un vestuario, se queda en el vestuario), y todo lo que diga sonaría a falso piropo «tribunero». Pero quiero reconocer que sin ella me hubiera «quedado eliminado en fase de grupos». En los momentos donde se me complicó el partido (como Messi contra Polonia), ella apareció para dar la cara y ganar el partido solita, y aunque a veces, para equilibrar las emociones, frivoliza mis anhelos, generosamente se convirtió en un altar de sacrificios, sin casi momentos de reclamos.

Luis me devuelve al presente preguntándome por Michel. Ambos son dos rebeldes de nuestra resistencia, de los que luchan por no vender la pureza de sus profesiones. En esa sagrada rebeldía que los convierte en uno de los nuestros, más de una vez se han encontrado en el camino de la lucha y se han reconocido. Se respetan.

Míchel besando el campo
Michel el día de su despedida del Madrid

EL NO GOL A BRASIL

Recuerdo la primera vez que me crucé en persona con Michel, fue en la calle Claudio Coello de Madrid. No lo saludé, no quise, no me parecía adecuado. Este hecho él no lo sabe, nunca se lo conté, y se estará enterando al leer estas líneas, lo cual me resulta divertido.

Recuerdo que, al verlo aquel día, para mí fue como viajar en el tiempo. Haciendo un flashback dentro de este flashback, en ese momento, viajé al pasado rememorando el primer instante en que supe de su existencia. Recordé al cruzármelo aquel día, el partido entre Brasil y España del año 1986. Me veo viendo la tele en mi casa en Argentina, donde, tras un saque de esquina, Michel recibe el balón desde afuera del área y, dándole de volea, este da en el larguero y bota dentro, todos vimos gol, todos menos el árbitro. Aquel «No-Gol» de Michel a Brasil hizo que escuchara su nombre por primera vez en mi vida.

Que el nombre futbolístico de un español sea Míchel me resultó muy particular; el nombre era (y es) un imán. Como publicista, me parece un acierto de marketing no buscado en este caso, casi como si se tratara de un marketing astral o de la mano de Dios, según creencias. Algunos nacen con estrella…

A 12 mil kilómetros de distancia, seguí su carrera con atención hasta el día que se fue del Madrid besando la hierba del Bernabéu. Desde allí, le fui perdiendo un poco el rastro hasta aquella tarde en Madrid donde lo reconocí inmediatamente y viajé en el tiempo por un momento.

Quién nos iba a decir «Michelón», aquella tarde del año 2003 o 2004 (no lo sé), que unos 18 años después, te reconocería como un gran amigo, un compañero de cafés muchas mañanas, de charlas eternas a veces, íntimas en otras ocasiones, y otras tantas cotidianas. Que detrás del hombre público hay un pibe que le gusta el fútbol «casi más que a mí».

Al contrario a lo que debe ocurrir al conocer a un «ídolo de tu niñez», la primera vez que hablé contigo sentí lo mismo que se siente con esos amigos de la infancia en los que reconoces al instante una sensación familiar, como si estuvieras en casa. Sentí lo mismo que me pasó con apenas 6 años con mis amigos Matías Magri, Hernán Arizu y Adrían Arizu en las gélidas mañanas del año 1981 en el patio del Colegio Marín, donde en cada recreo soñaba con jugar mundiales, y encontré en ellos mis cómplices para soñar un sueño demasiado «barriobajero» para mi realidad burguesa.

Martín jugando futbol
Hernan Arizu y yo en Connecticut

Quién me iba a decir en aquel patio de colegio que hoy, en el año 2023, estaría reconstruyendo junto a Michel, a su hijo Adrián y a muchos buenos amigos, los cimientos de un club centenario llamado «La Ferroviaria» («La Ferro»).

La Ferro, fundado en 1918 (año en que nacío mi abuela un 29 de Junio), es el club donde empezó a jugar el padre de Michel, «El Manzana», junto con el gran Joaquín Peiró. Como suele ocurrir en estos relatos, uno llega y el otro no, y muchas veces la línea que separa el destino de uno y otro es muy delgada y no siempre por circunstancias justas.

En este relato te das cuenta que muchas veces, por la generosidad de nuestros padres, podemos mirar por «encima del muro» porque ellos nos subieron a sus hombros.

Luego del mundial, Diamaria dijo «Mi papá era mejor que yo, pero se rompió la rodilla, mi abuelo era mejor que él, pero se accidentó. Mi sueño estuvo cerca de morir muchas veces…pero mi papá siguió trabajando, mi mamá siguió peleando, y yo seguí corriendo al espacio».

Pues «la Ferro» es un homenaje al padre de Michel , a mi padre y a todos los padres que sacrifican sus sueños para que sus hijos puedan soñar.

Pero esta es una historia para otro relato.

En realidad, lo que aporta esto a este ensayo es lo fascinante que resultan las vueltas de la vida y cómo lo que ocurrirá en un futuro va resonando de diferentes formas en nuestro interior en el presente, de tal manera que una vez que ocurre, todo tiene sentido, todo encaja.

Míchel, Joaquín Reyes, Martín y Nacho
Nacho (mi socio), Joaquín Reyes, Michel y yo.

La charla con Luis no cesa de expandirse, y se empeña en ilustrarme acerca de la esencia de TALESE. Me relata los detalles de un artículo que este escribió para la revista ESQUIRE en 1966, del cuál una abrumadora mayoría de autoridades opina que es el mejor de la historia.

Su título: «FRANK SINATRA ESTÁ RESFRIADO».

Al llegar a casa, durante estas semanas he leído y releído este artículo, siendo la fuente de inspiración para redactar este mismo ensayo (o lo que séa) que estoy plasmando ahora mismo, sin tener una comprensión clara de la razón, quizás para rendir homenaje a la persona que me ayudó a conceptualizar mi manera de relatar historias, imperfectas y llenas de encanto.

O tal vez para honrar a tantas personas que he encontrado en el camino (es lo mas probable).

O quizás por mí, y únicamente por mí.

Puede ser, como sostiene Eduardo Sachieri, que «escribo solo para poder dormir». Ya que esta narrativa interna, si no la compartiera de alguna manera, me consumiría tanto internamente que pasaría la vida velando cada noche.

Luis, generoso, me concede espacio y me permite expresarme, y la conversación deriva hacia un recuerdo del año 2006, que hoy, con los hechos consumados, parece ser un recuerdo profético.

En el verano del 2006 Argentina, en el mundial donde debuta Messi y Scaloni es compañero de equipo de Leo, mi selección acababa de quedar eliminada frente a Alemania por penales, y como siempre, esas tardes post eliminación mundialistas se me hacen interminables. Se siente un insoportable vacío de gloria.

Mi instinto natural y vanidoso es NO quedarme de brazos cruzados, y cada vez que Argentina cae eliminada en un mundial, llamo a mi hermano (tan devoto de mi selección como yo, pero con diez años menos, lo que significa que en el 86 tenía solo un año) y le planteo si quiere que hagamos juntos el curso de entrenador de fútbol. ¿Como si acaso nosotros fuéramos capaces de cambiar algo?

Esta vez, mi propuesta pareció tan seria que hicimos cálculos y consideramos la posibilidad de intentarlo, aunque concluimos que, por tiempo y disponibilidad, quizás no era el mejor momento, pero con el compromiso de que tarde o temprano, alguna vez lo intentaríamos.

En el estadio de futbol
Hernan Arizu, Oliver (mi cuñado), Nacho (mi Socio), Matías (mi hermano) y yo en el Bernabéu

Entonces, sumido en la sensación de pérdida y en la búsqueda de llenar el vacío, me encaminé solo por la gran Vía de Madrid. Reflexioné y, ante mi desazón, llegué a la conclusión de que debía aceptar la muy probable posibilidad de que nunca viviría de nuevo la gloria como en aquel verano en México, y que lo mejor del fútbol argentino pertenecía al pasado.

Fue así que el 30 de junio de 2006 decidí ahogar mis penas sublimando el dolor en esperanza, optando por renovar mis sueños y dedicarme a mi otro gran anhelo: escribir un guion de cine.

Llegados a este momento de mi vida tuve que ser honesto conmigo mismo, y a sabiendas de que no me iba a dedicar a hacer peliculas, decidí TENER UNA VIDA DE PELICULA.

En ese tiempo, Flor y yo vivíamos en Plaza España, en una habitación alquilada a una chica chilena que resultaba ser chamán. Atendía (sin cobrar) en el salón de nuestro piso a todo tipo de almas errantes, ayudándolas de manera altruista a encaminar su vida, pues según ella, era su misión. Aseguraba tener la capacidad de ver el futuro.

Flor y yo nunca permitimos que nos hablara de nuestro destino, preferíamos escribirlo nosotros mismos. Y la chamán nos respetaba.

Sin embargo, un día se atrevió a darme un consejo y yo lo acepté. El consejo era simple y elemental, pero a veces necesitas que alguien te recuerde lo obvio para resolver tu camino. Simplemente me miró y dijo: «Si quieres escribir un guion, cómprate libros sobre cómo hacerlo». Y eso hice. Me compré entre 8 y 10 libros sobre el tema y los leí en un par de meses.

Mientras avanzaba el verano y devoraba mis libros, le propuse a Flor irnos de vacaciones a Filadelfia (la tierra de Rocky) para completar mi «inspiración».

Llegados a este punto del relato, tal vez alguien se pregunte qué tiene que ver esto con la historia principal de este ensayo, y me adelanto a decir que todo está conectado. Digamos que esta parte de la historia, es mi «antiguo testamento» e influirá en los acotecimientos futuros.

Luis me observa atentamente, prestando toda su atención, y me solicita con intriga: «Cuéntame tu experiencia en Filadelfia».

PHILLY

Desayunamos mitos en una soleada mañana de agosto de 2006 en Filadelfia, nos encontrabamos Flor y yo en una cafetería de Market St. frente al ayuntamiento de Filadelfia.

Philadelphia, escaleras de Rocky
Yo en las escaleras del museo de arte de Filadelfia (by Rocky).

Envuelto completamente del recuerdo de mi infancia, me resultaba increíble estar en las calles donde solía correr Rocky. Sin embargo, los mitos desayunados, que en realidad eran huevos revueltos, pronto me devolvieron a la realidad. Este momento mágico se transformó en una intoxicación que me llevó a pasar toda la noche ingresado en el hospital.

Mientras mi mujer me llevaba en taxi al hospital, ella cuenta (no lo recuerdo) que le pedí que me lleve al Hospital de Pensilvania, donde ingresan a Rocky en Rocky II.

En realidad, estaba tan feliz de estar allí que ni el dolor me dolía.

Pasé la noche ingresado con suero y me dieron el alta por la mañana, una mañana calurosa. Regresamos a nuestro encantador hotel en Market Street. Nos ducharnos, nos cambiamos y bajamos a recepción en busca de orientación.

Tren de Philadelphia
Flor y yo en Kensington (Filadelfia)

Nuestra intención era tomar el icónico tren que aparece en las películas de Rocky. Sí, ese que serpentea sobre la ciudad y que forma parte esencial de toda la saga. La idea era llegar en ese tren hasta Kensington, al norte de Filadelfia, donde se encuentran la casa de Rocky, el gimnasio, la tienda de animales, entre otros lugares emblemáticos. Sin embargo, el recepcionista del hotel nos devolvió a la realidad y, riéndose de nosotros, nos explicó que en ese barrio «ni siquiera la policía se atreve a entrar». Nos recomendó, aún entre risas, que, si éramos fanáticos de Rocky, fuéramos a las típicas escaleras del museo de arte.

Mi expresión cambió drásticamente. Me puse muy serio, y su sonrisa desapareció al ver mi reacción. Lo miré fijamente, sudando, y le dije que de todas formas iba a ir a Kensington y que me ayudara a encontrar una solución. En Estados Unidos, todo es posible, pero tiene su precio. Mi capricho requería un coche blindado con un guardia de seguridad, a un costo de 100 dólares por hora.

«Cuatro horas», le dije, y el gesto de Flor jamás se me borrará de la memoria. Mirando hacia abajo, mordiéndose el labio inferior y negando con la cabeza, se resignó a otro de mis delirios. Dada nuestra situación económica (vivir con una chamán en Plaza España no era precisamente opulento), todo sonaba a un capricho excesivo. Sin embargo, yo no iba a cambiar de opinión, y Flor lo tenía muy claro.

Cuando afirmo que Flor es un altar de sacrificios, no estoy exagerando en lo más mínimo.

Gimnasio de Rocky
Fachada de la localización donde estába el Gym de Rocky (2147E North Front Street).

Kensington se encontraba en las afueras de Filadelfia. El vehículo que nos transportaba circulaba bordeando una suerte de anillo de circunvalación que rodeaba la ciudad. Íbamos en silencio, y se percibía cierta tensión en el ambiente. La sensación no me era desconocida. Cuando era niño, le tenía pavor a las montañas rusas hasta que un día me animé a subir a una. Recuerdo perfectamente el momento en que mi carrito subía lentamente para ganar altura. Experimentaba excitación y miedo al mismo tiempo, repitiendo con profundo arrepentimiento la típica frase: «¿Qué mierda estoy haciendo aquí?».

Lo mismo sentía en ese momento, aunque simpre tenemos otro costado que quiere más, que quiere ir más allá, ya que ir mas allá cuando crees que no puedes más es lo que marcará la diferencia en tu vida.

Y fuimos a más.

Flor temblaba ligeramente, sus piernas no dejaban de moverse en busca de valor, y yo reía nervioso. El conductor, a su vez nuestro guardaespaldas, nos indicó que la próxima salida llevaba a Kensington, y así fue como nos adentramos en ese rincón infernal.

Imágenes de Philadelphia
Kensington

Miradas vacías, un barrio sin ley, gritos; Kensington es el sitio donde han surgido en estos últimos años los zombis del fentanilo.

Mi cuerpo se estremecía al escuchar las sirenas de las ambulancias a lo lejos, se respiraba tensión en el ambiente, y en cada esquina nos cruzabamos con almas rotas, seres de lágrimas negras, un área devastada de esperanzas donde el vicio es el único néctar que les queda para pasar los días, la vida o lo que queda de ella.

Resulta fascinante descubrir que Stallone haya elegido un lugar con tanto dolor y tristeza para ofrecer esperanza al mundo, es como un cuento de hadas en esas frías calles de Filadelfia (frías incluso cuando hace calor). Una vez más, disfruto de la dicotomía al punto de que ese infierno se ha convertido en un cielo para mí, y me enamoré obsesivamente de ese rincón del mundo y de su drama. Tomamos la Front Street y pasamos por la ubicación donde estaba el gimnasio de Rocky y la tienda de animales donde trabajaba Adrián en la película.

Rocky en la tienda de animales
Tienda de animales frente al Gym (escena de Rocky)

Íbamos en búsqueda de la casa de Rocky, que quedaba en el 1818 de Tusculum Street. El GPS, poco desarrollado en esos años, no encontraba la dirección debido a que se trataba de una calle cortada. Sin embargo, gracias a haber visto tantas veces la película y con algo de intuición, supe guiar al chofer hasta esa casa.

Al llegar allí y reconocerla, me bajé del coche inmediatamente y me paré frente a ella. La miré un rato en silencio. Me generaba incredulidad y emoción estar parado en este punto del planeta, y decidí en ese mismo momento que el título de mi guion sería «Tusculum 1818». Me parecía poético y de culto.

La casa de Rocky
Yo en la casa de Rocky (1818 Tusculum Street)

El número 18 empezó a tener sentido en mi vida, y lo tomé como una bonita casualidad que Flor haya nacido un día 18. Pero más sentido tuvo aún cuando, 4 años después, mi persona favorita en esta vida nació un 18 de abril de 2010. Ese día, en esa fecha, nacerá en unos años nuestro hijo Valentín. Y es curioso porque tanto Flor como Valentín nacieron un domingo 18 (como la final del mundial de Qatar).

Para mí, el número 18-18 representa mi familia; es el número perfecto, es el nexo de todo, es la unión de las líneas. Es tan significativo que muchos años después, cuando Valentín tenía ya 9 años, Flor y yo nos casamos, yo iba con un traje azul de tres piezas y una corbata gris, y en dicha corbata llevaba bordado el número 18.

También mi experiencia en Filadelfia da para otro artículo, pero quería aportar este dato para este relato que, a medida que vaya creciendo, resultará significativo.

Luis Enríquez me escucha atentamente y disfruta de cada detalle que le voy contando, al punto que se le ocurren ideas de posibles contenidos futuros, y mientras avanzo en mi relato, él interrumpe y va mandando audios al gran Oscar Campillo (a quien tengo un gran aprecio), director del diario RELEVO (diario de deportes digital de Vocento), explicándole nuestra charla y proponiéndole ideas.

«¿Y al final, escribiste o no el guión?» me pregunta Luis.

Sí, pero no inmediatamente le contesto. Al volver a Madrid de nuestro viaje en Filadelfia, sentí que aún me faltaba hacer más trabajo de campo en lo que a la investigación se refiere antes de empezar el guión. Lo primero que hice fue hacerme una cuenta de Facebook llamada «Tusculum Street» para contactar con la gente de Kensington y que me cuenten sus historias (realmente me quedé enamorado del barrio). Y fue así que, entre cientos de historias que me fueron contando, hubo una que me abrió el juego para siempre, y es la historia de un señor llamado Joseph Marks.

Rocky en la puerta de la casa
Rocky en su casa

Contacté con este hombre, y me contó que él era el verdadero dueño de la tienda de animales que aparece en la saga de Rocky. Me explicó que la tienda estuvo funcionando desde la década del 70 hasta el año 2004, y que cuando se rodó la primera película, le alquilaron la tienda por unos días y un puñado de dólares. Estaba fascinado con su historia y le pregunté si no tenía alguna foto de aquella experiencia. Para mi sorpresa, me envió una foto suya de joven junto a Stallone, y para rematar la faena me dijo: «te recomiendo que vuelvas a ver Rocky y mires cómo se llama la tienda de animales».

Tienda de animales de Rocky
Tienda de animales (escena de Rocky)

Esa misma noche, me pongo a ver la película y… ¡BINGO!

La tienda de animales se llama «J.M. Tropical Fish». J.M. son sus iniciales (Joseph Marks), o sea que dejaron el nombre original de su tienda. Pero lo interesante no era eso, sino que, siendo un hombre de a pie, con una vida complicada, plana y probablemente triste, Joseph Marks es parte de un hecho cultural tan trascendente que marcó y marcará generaciones. Y eso lo hace fascinante. Son las historias detrás de las historias, la savia que me nutre, los sucesos extraordinarios que le ocurren a gente común, y no hay dinero que pueda comprar eso. Estas historias me resultan profundamente atractivas por su dicotomía, por la magia que destilan esos encuentros fortuitos, por el capricho del destino, y sobre todo porque no tienen precio.

Joseph Marks con una foto suya junto a Stallone.

A mi me hubiera encantado, por el significado del hecho cultural que eso representa, haber aparecido un segundo en la película de Rocky o haber jugado medio minuto en el Mundial 86, pero por suerte, estas cosas no pueden comprarse, y por eso son únicas y democráticas, ya que los designios celestiales no cotizan en bolsa, y eso me emociona.

Que no haya ocurrido lo acepto con deportividad, ya que eso sí forma parte del destino.

Pero sigo en la búsqueda de algo que no sé que es, no sé como explicarlo, es un fuego, una certeza.

Lo apasionante es que, en lo que a la gloria se refiere, el destino decide por sobre nuestra voluntad.

Es lo que yo llamo «el efecto Longinos», aquel soldado romano que perforó el costado de CRISTO con su lanza, y al derramarse el agua del cuerpo de Jesús sobre su propio cuerpo, este recibe tal bendición que tiene la certeza de que Jesús es el hijo de Dios, y se convierte automáticamente en su seguidor y acaba siendo un santo.

¿Por qué el destino eligió que sea él y no otro? ¿Es un misterio o solo una casualidad?

Algunos nacen con estrella y otros nacen estrellados, pero todos somos parte del mismo cielo.

Muchas veces me preguntan: «¿Pero no es mejor ser Stallone que Joseph Marks?» Y yo suelo contestar: ¿Acaso no es lo mismo?

Ser parte de un todo te convierte en todo, y el rol que ocupamos no es algo que decidamos; no está ligado a esfuerzos, sino a los designios.

Luis apura su copa de vino, me mira fijo y me dice: «¿Te das cuenta de que lo que me acabas de contar es Talese total?»

Entonces comprendo que TALESE siempre convivió en mis historias sin yo siquiera sospecharlo, acabo de comprender en un segundo por qué Luis estaba tan emocionado por haber entrevistado a ese señor.

Luis me dice: “Esas son las historias que quiero”. Continúa por favor…

Pues entonces te voy a contar una historia que te va a encantar y que nos une (le digo):

Cuando descubro la brillante historia de Joseph Marks, decido ver muchas veces las películas de Rocky, con la intención de hacer una búsqueda exhaustiva de los pequeños detalles que puedo utilizar para mi futuro guión. Ese ejercicio me hizo encontrar una infinidad de detalles que utilicé luego en TUSCULUM 1818, pero me voy a detener en uno en particular. Al comenzar la primera escena de la primera película de Rocky, aparece, como en una suerte de Génesis, una fecha calendario dentro del relato: 25 de noviembre de 1975 (por cierto, año de mi nacimiento).

Fotograma de inicio de la película Rocky
Primera imagen de la pelicula ROCKY

Me pareció curioso, y haciendo una analogía para homenajear a Rocky, decido que mi guion también empiece su relato en la misma fecha calendario, pero del año 2010. Para mí, a partir de ahí, cada 25 de noviembre pasó a ser como un segundo cumpleaños o algo así, me gustaba esa fecha.

El caso es que se convirtió en una fecha especial.

Y fue entonces, que el 25 de noviembre de 2020, comiendo con mi hijo en este mismo restaurante italiano donde estoy ahora con Luis, me dieron la noticia de la muerte de Diego Maradona.

Mi primera reacción fue decir: “No se puede morir Diego un 25 de noviembre”.

Génesis y Apocalipsis simultáneos, ¿hace falta explicar algo más?

Imágen de Rocky
Rocky I

Le recuerdo a Luis (y aquí otra vez las vueltas de la vida) que ese día escribí una despedida para Diego, y creo que a partir de entonces, nuestro vínculo rompió la barrera que uno suele tener con un cliente, y nos pusimos caras, ya que le mandé el escrito que había hecho para el diario digital “A la contra” (de mis amigos Paco Cabrero y el gran Juanma Trueba), e intuyo que alguna fibra le habrá tocado porque me pidió permiso para publicarlo en el diario ABC (en papel).

Y así fue que Diego nos unió gracias a unas líneas que decían más o menos así:

«Saber decir AD10S»

Luis recuerda ese artículo y se emociona conmigo recordando a Diego, y me cuenta que el día que muere «el diez», él es quien decide la portada del diario ABC. Simplemente decidió poner su foto en su momento más glorioso y titular la portada diciendo sencillamente: «DIEGO».

Portada de ABC, muerte de Maradona
Portada del ABC el día de la muerte de Diego

Luis me enseña dicha portada en su móvil (me pareció sublime por su simpleza) y me da pie para contarle mi historia preferida. La historia de alguien que unió todas las líneas en esta experiencia, la historia de ROBERTO CEJAS.

Y es aquí donde todo comienza…

CAPÍTULO 2: «ROBERTO CEJAS»

Miércoles, 25 de junio de 1986 *(la misma fecha en otra vez).

Roberto se encuentra en el salón de su casa en su Santa Fe natal, junto a sus padres, viendo en la televisión la semifinal del Mundial 86 entre Argentina y Bélgica.

Los tres están en silencio, concentrados y tensos por lo que ocurre en el partido. En los primeros minutos, con el marcador aún empatado a cero, Roberto, rompiendo el silencio, les dice a sus padres: “Si Argentina gana este partido, me voy a México a ver la final”.

Argentina ganó esa tarde 2-0 con dos goles de Maradona, en otra exhibición histórica de Diego, quien venía de marcar a fuego nuestra memoria en aquel partido histórico contra Inglaterra.

Al día siguiente y sin un plan definido, Roberto va a una agencia de viajes y compra un billete de avión vía México.

Roberto llega a México el sábado 28 de junio por la tarde y sin entrada para el partido que se jugará al día siguiente en el estadio Azteca.

Se encuentra con 5 amigos de Santa Fe en un hotel del centro de México, donde estos estaban alojados desde el inicio del Mundial. Le comentan que, con Roberto, son siete personas para solo cinco entradas, pero que no se preocupe, ya tienen ciertos arreglos adquiridos en partidos anteriores para ingresar de manera «menos ortodoxa» en caso de fuerza mayor.

Diecisiete dólares, cuenta Roberto, fue el precio de su entrada. Ese fue el valor del soborno al mexicano que custodiaba el templo.

Desde ese momento, el número 17 se convierte en el número fetiche de Roberto. Su número de la «suerte».

Una vez dentro del estadio, eras libre, cuenta Roberto. Podías colocarte donde quisieras o donde buenamente pudieras.

Resulta curioso cómo, a veces, llegar a la antesala de la gloria no cuesta tanto. En este caso, solo 17 dólares y mucha fe.

Roberto recorre los pasillos del Azteca buscando su sitio, su lugar en el mundo, y se coloca detrás de la portería donde Argentina atacará durante la primera parte.

Lo que sucedió a continuación es por todos conocido: en una final sufrida e histórica (como siempre), Argentina consigue su segunda estrella y Diego la inmortalidad.

Al acabar el partido, mucha gente invade el terreno de juego para abrazar a los jugadores, en un festejo desorganizado y caótico, pero muy emotivo. Roberto estaba al principio de las gradas, casi al ras del campo, y quería ser parte de ese festejo. Lo único que lo separaba del campo era un foso de casi 3 metros en el que había en su interior policías, esperando a aquellos que intentaran saltar, para darles machetazos y provocar que los aficionados desistieran en sus intentos de saltar al campo a abrazar la gloria. Para colmo, los pocos que lograban saltar hasta la pared de enfrente al foso sorteando a la policía, se encontraban con un alambre de púas como la última prueba a su voluntad, y casi todos acababan enredados en el alambre, lastimándose y sucumbiendo entre cortaduras y heridas.

Pero Roberto fue como esas tortugas marinas que logran llegar al agua antes de ser devoradas por algún depredador en su camino al mar, mientras ve cómo el resto se queda en el camino.

Tal vez su juventud, su fuerte contextura y su estatura de 1,90 metros fueron fundamentales para ser uno de los pocos supervivientes en su carrera por «vivir», y fue así como con dos ágiles saltos se encontró pisando la hierba del Azteca.

Corrió hacia la mitad de la cancha para plantarse en el círculo central y dar volteretas, con el claro objetivo de llamar la atención, situándose en un punto reconocible, por si en el futuro, al ver esas imágenes, podría reconocerse entre ese mar de personas que invadieron el campo de juego.

Cuenta Roberto que había un par de personas que ondeaban (mástil en mano) un par de banderas mexicanas de considerable tamaño, y pidió prestada una de ellas, ondeándola unos minutos en la mitad de la cancha. Es curioso que, aún hoy, al ver imágenes y videos, esas banderas mexicanas son fácilmente detectables por su gran tamaño y ocupan un lugar reconocible en la postal de los festejos de esa tarde.

En ese mismo instante, alguien le dice que los futbolistas estaban otra vez en el terreno de juego dando la vuelta olímpica con la copa.

Detengo el relato en este punto y antes de continuar adentrándonos en la trama, los invito a reflexionar sobre la vida, las oportunidades y el caprichoso curso del destino.

Imaginemos, por un momento, la posibilidad de pausar el mundo en ese instante preciso en el estadio Azteca. Con la perspectiva de un dron, recreemos una visión cenital del campo de juego. ¿Cuántas personas habría dispersas en la cancha? ¿1500? ¿2000 quizás? Si pudiéramos identificar a Roberto Cejas y a Diego Maradona y marcarlos con un círculo de color, ¿a qué distancia estarían el uno del otro?

Es fascinante considerar que apenas una semana antes, el domingo 22 de junio, Diego había hecho historia contra Inglaterra, desencadenando celebraciones en todo un país mientras Roberto se encontraba a 6803 kilómetros de distancia, perdido en el anonimato de la gente sencilla, en el salón de su casa en Santa Fe. Sin embargo, siete días después, ambos estaban dispersos en el mismo espacio, a escasos metros de distancia el uno del otro, compartiendo la gloria.

Pero el destino aún no estaba saciado. Impulsado por la inercia natural de lo imprevisible, Roberto decide acercarse a un grupo de personas que rodea a los jugadores argentinos. Aunque solo logra identificar a uno, a Pedro Pasculli, vecino de su ciudad e ídolo de su padre por haber sido jugador de Colón de Santa Fe. Fijando su mirada en Pasculli y encontrándose a la altura del área pequeña, Roberto choca con la persona que está justo delante de él, alguien que estaba trotando y se detiene de golpe.

En ese instante de impacto, ambos se miran a los ojos, en un momento trascendental que cambiaría para siempre la existencia de Roberto. Hay miradas que no necesitan palabras, y Roberto, guiado por un instinto profundo, comprende y actúa en consecuencia, regalándonos así una de las imágenes más conmovedoras del fútbol argentino.

Roberto Cejas levantando a Maradona
Roberto Cejas y Diego Maradona (1986)

Roberto levanta a Diego, y esa imagen los une para siempre.

Amén.

CAPÍTULO 3: «LA HISTORIA CRECE»

En diciembre de 2013, mi mujer, mi hijo y yo nos encontrábamos en la tranquila cafetería Estación Matilde en Santa Fe, Argentina, disfrutando de un café y un sándwich. Flor se levanta y se va acomprar varias revistas a un kiosko cercano, para tener lectura banal para nuestro viaje de vuelta en el avión.

Aquella visita a la ciudad natal de Flor, parecía un evento insignificante en ese momento, pero se convertiría, nueve años después, en un capítulo significativo de nuestra vida (esto lo explico en el CAPITULO 16 de este ENSAYO, para ser exactos).

De regreso a Madrid, en el avión, mi mujer se puso a leer una de las revistas que compró cerca de Estación Matilde. Mientras hojeaba una de ellas, me mostró un artículo sobre Roberto Cejas. A ella le llamó la atención que «ese que levantó a Maradona en el 86 era santafesino», y a mí, apasionado del fútbol y amante de las historias, me cautivó todo lo demás. Me pareció una de las historias más increíbles que había escuchado.

¿quién nos iba a decir que, nueve años después…?

En junio de 2014, durante el Mundial de Brasil (del que pensé que nunca me recuperaría), Diego Maradona y el polémico periodista Víctor Hugo Morales se unieron para hacer el programa diario de televisión llamado «De Zurda», donde hablaban sobre fútbol y «otras cosas».

En un episodio, Diego expresó su deseo de conocer al hombre que estaba debajo suyo el día que levantó la copa del mundo.

Pocos días después, la producción del programa le dió a Diego la gran sorpresa al llevarle a Roberto.

Diego y Roberto se reencontraron 28 años después y compartieron un abrazo interminable.

Roberto cuenta que Diego le clavó los dedos en la espalda «como si abrazara a un viejo amigo que hace mucho que no ve», y muchos percibimos que Diego estaba incluso más emocionado que Roberto.

En ese histórico programa, ambos compartieron muchas charlas y se despidieron con otro abrazo.

Esa fue la segunda y última vez que se vieron.

Maradona y Roberto Cejas en televisión
Roberto Cejas y Diego Maradona (2014)

En un frío día de febrero de 2019, me encontré con mi gran amigo Agustín Gerome en un restaurante mexicano en Madrid. Su propósito era presentarme a Ezequiel Hernández, apodado «Pelu», recién llegado de Argentina con la intención de grabar un disco con el dúo musical «Los Cósmicos», en el que Agustín formaba parte. Al conocer a «Pelu», rápidamente percibí que compartíamos los mismos códigos de humor, cine, música y fútbol, ingredientes esenciales para considerar a alguien como un hermano.

Aunque «Los Cósmicos» era un proyecto secundario para ellos, ya que cada uno tenía su profesión principal, cuando escuché el disco terminado, me encantó hasta el punto de ofrecerme, de manera informal y afín, a ayudar en lo que pudiera y convertirme en una suerte de «representante».

Un mes después, nos reunimos nuevamente.

Mientras escuchábamos el disco la velada se volvió nostálgica. La noche se extendió, las historias comenzaron a fluir y, por supuesto, surgió la historia de Roberto Cejas.

Entre risas y un poco en serio, después de algunos tragos de The Macallan, imaginamos de manera divertida que, si algún día «Los Cósmicos» lanzaran un disco, la portada debería mostrar a Agustín y «Pelu» cargados por Roberto Cejas.

Lo que no imaginamos en aquel momento es que la vida, unos años después, nos reservaría un regalo en relación con esa historia.

Los Cosmicos en Pugil Store
Agustín, Martín (yo) y «Pelu»

En marzo de 2019, Flor y yo confirmamos la fecha de nuestra boda para el 29 de junio de 2019, casualmente el mismo día que cumpliría años mi abuela Isabel. Este dato me recordó que el día que Argentina salió campeón en el 86, después del partido, fuimos a la casa de mi abuela para celebrar tanto su cumpleaños como el triunfo en la Copa Mundial.

Boda de Martín y Flor

Al comprobar unos días después de la confirmación de la fecha, con gran asombro noté que me casaría en la misma fecha en la que Diego se coronó en el 86, entusiasmado, llamé a mi hermano para compartirle la coincidencia, y entre risas le conté la situación.

Es importante destacar que mi hermano y yo compartimos una conexión única, jugamos de memoria y tenemos la capacidad de anticiparnos a las jugadas que el otro está pensando.

En este caso, mi hermano se adelantó diciendo: «¿No te gustaría invitar a Roberto Cejas a tu boda? Me parecería gracioso que te levante un 29 de junio».

Aunque me lo planteó en serio, mi mujer no lo tomó de la misma manera, y después de varios intentos por convencerla, desistí. Aunque en ese momento no tenía contacto con Roberto ni sabía cómo llegar a él, estaba dispuesto a encontrarlo y pagarle el viaje, pero la idea no se concretó en ese momento. Sin embargo, esta historia, unos años después, tendría un final curioso.

Chaleco reversible de futbolistas de Pugil Store
Mi chaleco de boda (reversible)

En el bullicio del marzo pandémico de 2020, decidí realizar una serie de llamadas a mis amigos, entre ellos, mi querido José Estalella, quien se encontraba convaleciente de una delicada situación de salud. Durante nuestra extensa charla futbolera, me confesó su anhelo de reconectar con la vida a través de la escritura de un libro repleto de anécdotas futbolísticas. Fue entonces cuando compartí con él la cautivadora historia de Roberto Cejas.

Unos meses después, José dio luz a su obra titulada «Además del Balón» (una lectura que sin duda recomiendo), incluyendo, por supuesto, la inolvidable anécdota de Cejas.

En un gesto de homenaje a nuestra charla durante la pandemia, José me envió tres ejemplares, destinados a mí, Michel González y Joaquín Reyes, quienes comparten con nosotros esa pasión inquebrantable por el fútbol. Previo a entregarles el libro, les compartí a ambos, a modo de adelanto, la fascinante historia de Cejas y sus reacciones superaron mis expectativas.

Desde ese instante, siempre que se me presentaba la oportunidad, narraba la historia para probar las reacciones de quienes la escuchaban. Sin excepción, las expresiones en los rostros se repetían, confirmando que esta historia merecía ser contada. Fue entonces cuando surgió en mi mente la idea de emprender la búsqueda de Cejas, con la intención de ofrecerle la posibilidad de inmortalizar su relato en las páginas de un libro o en un documental.

Joaquín Reyes y Míchel en Pugil Store

CAPÍTULO 4: «ABRAZO DEL ALMA» (Comienza mi mundial)

Viernes 28 de octubre de 2022

En una mañana gélida de octubre (como aquellas de patio de colegio), me dirigí a la majestuosa puerta de la embajada argentina en Madrid para encontrarme con mi gran amigo italiano, Claudio Monaci, un verdadero apasionado del fútbol, de los nostálgicos, de los míos.

La invitación nos llegó cortesía de Rafa Pinillos, en representación de Legends, la empresa que erigió un museo dedicado a las camisetas históricas del fútbol, bajo la tutela de Marcelo Ordas. Aquella mañana prometía la presencia de Jorge Burruchaga, quien, en un acto oficial, contribuiría con algunos objetos de su colección para enriquecer las vitrinas del museo.

Al adentrarnos, nos condujeron a un salón emblemático que acogía a numerosos periodistas de medios deportivos, tanto nacionales como internacionales. Entre la multitud de rostros conocidos, se destacaba la presencia de Marcos Durán, un periodista argentino enviado por el diario español Relevo (parte del grupo Vocento), a quien aún no tenía el placer de conocer personalmente aún. Curiosamente, al revisar las fotografías muchos meses después, descubrí que Marcos estaba sentado justo frente a mí, un detalle que pronto se revelaría como otro punto de conexión futuro en esta narrativa.

Marcos Durán
Marcos Durán en la ambajada Argentina de Madrid

La disposición del espacio evocaba la imagen de una iglesia antigua, meticulosamente preservada, con bancos de madera alineados en dos hileras. En la parte frontal, ante las butacas, se alzaba un escenario que imitaba un púlpito o altar, ocupado por el embajador Ricardo Alfonsín (hijo del ex presidente Raúl Alfonsín), un representante de La Liga y Marcelo Ordas (Legends). Estaban dispuestos como en una conferencia de prensa, aguardando la llegada de Jorge Burruchaga.

«Burruchaga» o «Burru», como cariñosamente se lo conoce, era hasta ese día el último eslabón que nos vinculaba a muchos con el mundial del 86′, siendo él quien anotó el gol definitivo en esa histórica final que consagró a Argentina, no podemos pasar por alto que pocos elegidos en la historia del fútbol argentino tienen el privilegio de haber marcado un gol en la final de un mundial. La lista, es breve pero trascendental, y merece un repaso para dimensionar adecuadamente tan ilustre privilegio: Peucelle y Stabile (mundial 1930), Kempes (2) y Bertoni (mundial 1978), Brown, Valdano y Burruchaga (mundial 1986), Messi (2) y Di María (mundial 2022).

De estos datos surgen cinco cosas interesantes:

1) Once goles en seis finales.

2) Solo Kempes y Messi marcaron dos goles en una final.

3) Diego Maradona no anotó ningún gol en las dos finales que disputó, otorgando aún más valor al privilegio de marcar en una final.

4) Siempre que Argentina ganó, marcó tres goles en la final.

5) El dato más increíble es que, en las tres finales que ganó, Argentina las conquistó sufriendo, como si nuestro destino tanguero nos emparentara con el drama. En los tres encuentros, Argentina comenzó ganando, y en los tres casos, los empates llegaron en el minuto 81 de juego. Creer o reventar.

Argentina contra Alenania, México 1986
Burruchaga marcando el 3 a 2 en la final de Mexico 86´

Entonces, ese día «Burruchaga» ostentaba el título de ser el último argentino en anotar en una final de la Copa del Mundo, un honor que había perdurado durante 36 años hasta el penalti de Messi contra Francia, que ocurrirá 51 días después de aquella mañana. Ya que a pesar de las dos finales adicionales de Argentina (Italia 90′ y Brasil 14′), en ninguna de ellas el equipo logró abrir el marcador, ya que ambas concluyeron con un amargo 0-1.

Después de aproximadamente diez minutos de expectativa, «Burru» hizo su entrada triunfal en la sala, provocando que todos los presentes se pusieran de pie y le tributaran un cálido aplauso. Vestía un traje azulón y debajo llevaba una camiseta blanca, un sutil guiño a los colores de nuestra bandera. A sus casi 60 años, se le veía bien, muy bien, con su pelo blanco; sin embargo, se percibía delgado y ágil, tanto en su andar como en su forma de hablar. Incluso, guardaba un cierto parecido físico con Antonio Banderas, pero en su versión rioplatense.

Al comenzar a hablar, «Burru» nos hipnotizó a todos. Fue como embarcarse en un viaje en el tiempo. Teniendo en cuenta la ausencia de Diego y la enfermedad de Bilardo, él y Ruggieri emergían como los estandartes actuales de aquel Mundial. Para mí, son los referentes más representativos en la actualidad. Aunque Valdano podría ubicarse entre ellos, sus diferencias con Bilardo me llevan a colocarlo en un escalón más bajo. Sus motivos tendrán, los respeto, pero para mí, el doctor es intocable.

Mientras «Burru» compartía sus vivencias, eché un vistazo a mi amigo Claudio y percibí, de reojo, que sus ojos estaban a punto de derramar alguna lágrima. Tal vez recordó la celebración de Tardelli, o tal vez tomó conciencia de que Italia, por segunda vez consecutiva, faltaría a la cita mundialista. Esto pone de manifiesto la injusticia del sistema de clasificación, ya que, siendo el campeón de Europa, nos enfrentamos a selecciones menores, sin historia ni mérito, que deslucen el prestigio del espectáculo.

En realidad, creo que la emoción de mi amigo Claudio se desencadenó porque, al igual que yo, es un apasionado de la historia del fútbol. Ver a «Burru» era como un cromo de carne y hueso. Su emoción me conmovió profundamente, al punto que le sugerí, susurrando, que al acabar la rueda de prensa esperáramos a «Burru» para intentar hablar con él. Nuestro amigo Rafa Pinillos se comprometió a ayudarnos a que eso sucediera (siempre es bueno tener amigos).

Una vez finalizada la presentación, la gente empezó a retirarse y nosotros nos armamos de paciencia. Nos quedamos esperando unos 40 minutos, y Rafa nos indicó que entráramos a un Hall donde «Burru» conversaba con los últimos asistentes que se retiraban. Yo estaba nervioso; para mí, ver a «Burru» era más importante que encontrarme con el presidente de Corea o un premio Nobel de literatura. Era como ver a Mickey Mouse o algo así, era abrazar mi infancia.

Entramos al Hall y lo vi hablando con una señora. Al mirarlo fijamente, nos detuvimos respetuosamente, manteniendo la distancia para no interferir en la charla. Él notó nuestra presencia y me miró también fijamente, sosteniendo la mirada durante 2 o 3 segundos. No fue una mera sensación; así ocurrió, y Claudio también lo notó. Fue como recibir una suerte de «bendición papal», y busqué en mi interior cómo expresarle en un segundo todo lo que significaba para mí ese momento, sin ser ni muy abrumador, ni muy inoportuno, ni demasiado «canchero», ni pasarme de emocionado.

Llego mi turno, y me acerqué a él y le dije: «Burru, tengo un abrazo atragantado desde hace 36 años, ¿puedo darte un abrazo?». «Burru», regalándome una sonrisa sincera, abrió sus brazos, y nos dimos un abrazo que me hizo viajar en el tiempo.

Martín con Jorge Burruchaga
Burruchaga y Yo

Siempre les estaré agradecido a Claudio y a Rafa por el regalo de esa mañana. Aunque pueda parecer exagerado, sé que aquellos que comparten mi devoción por la historia de este deporte serán capaces de entenderme. No se trata de lo que esa persona significa para el mundo, sino de lo que significa para mí.

Al abrazar mi infancia, me convertí en niño por un rato, y a partir de ese instante, para mí, comenzó el sueño mundialista de ganar la tercera.

Entonces, bajo el influjo del abrazo a «Burru» escribí esto para mis amigos de “A la Contra”:

«Cuestión de fe»

CAPÍTULO 5: «BUSCADORES DE COINCIDENCIAS»

En el año 2008, se estrenó en Argentina una película llamada «Un Novio para mi Mujer» (en el 2022 se realizó un remake español en la que casualmente participa Joaquín Reyes), y uno de sus personajes, llamada «Tana» Ferro, expresaba su desprecio hacia los BUSCADORES DE COINCIDENCIAS. Este personaje se arraigó tan profundamente en la cultura popular argentina que la famosa Cerveza Quilmes centró su campaña para el Mundial 2022 en una sátira de estos «buscadores de coincidencias», basando su fe en indicios poco sólidos para creer en la victoria de Argentina en el Mundial 2022, o, mejor dicho, para ELEGIR CREER.

El spot tuvo un gran éxito, y la gente comenzó a buscar coincidencias entre los mundiales ganados, especialmente el del 86´, y el que estaba por ocurrir. La gracia se volvió viral en toda Argentina.

Lo que comenzó siendo divertido se convirtió en algo llamativo, especialmente a medida que Argentina avanzaba en el mundial y se cumplían «las profecías». Aquí algunas de las coincidencias más interesantes:

– **Finalistas:** En 1978 y en 1986, Argentina venció en la final a la selección que había sido finalista en la edición anterior: Holanda en 1974, Alemania en 1982 y Francia en 2018.

– **Tricampeones:** Cada vez que una selección fue tricampeona del mundo, lo hizo venciendo al que en el futuro sería el siguiente tricampeón. Por ejemplo, Brasil en el 70 venció a Italia, que sería el siguiente tricampeón en el 82´, quien venció a Alemania, que sería el siguiente tricampeón en el 90´ que venció a Argentina que fue el siguiente tricampeón de la historia. ¿Será Francia el próximo tricampeón?

– **Árbitros:** En 1986, el árbitro fue Romualdo Arppi Filho, quien dirigió la final nació el 7 de enero de 1939. Szymon Marciniak, el árbitro polaco de la final en 2022, nació el 7 de enero de 1981.

– **Varios:** En 1986, Canadá jugó el Mundial, algo poco habitual. Además, en ambos Mundiales, Marruecos clasificó a octavos y venció a Portugal; mientras que Brasil quedó fuera en cuartos por penales.

– **Cordobeses:** La última vez que un cordobés usó la camiseta número 9 de Argentina fue Cuciuffo en 1986. Ahora fue el turno de Julián Álvarez, quien también nació en Córdoba.

– **El Pirata:** Belgrano de Córdoba salió campeón del ascenso argentino en 1986 y en 2022.

– **Suerte Polaca:** Polonia se clasificó a octavos de final únicamente en 1978, 1986 y 2022.

– **Amarillo Mufa:** El color del uniforme del arquero rival. En las finales de 1978 y 1986, el arquero rival llevó un buzo amarillo, y Argentina fue campeón. En Qatar 2022, el arquero francés, Hugo Lloris, también llevó un buzo amarillo.

– **Atajate el dato:** Fillol, el portero argentino del 78´, utilizó el número 5. Pumpido, el portero del 86´, utilizó el número 18. Sumando ambas camisetas, dan 23, el número de Dibu en el 2022.

– **Nos vemos en el futuro:** El 27 de julio de 2016, Leo Messi renuncia a la selección después de perder otra final de la Copa América. Ese día, un chico de 15 años le escribe una emotiva carta:

 “Cómo te vamos a convencer nosotros que somos unos muertos. Cómo te vamos a convencer nosotros que en nuestra vida tuvimos el 1% de presión que tenés en tus hombros, que te levantas a la mañana y te mirás al espejo y sabes que una multitud de más de 40 millones de habitantes no solamente quieren que hagas las cosas perfectas, sino que ridículamente se ha impuesto que pueden exigírtelas.

Cómo te vamos a convencer nosotros que no pudimos entender que sos un ser humano, una persona con un talento inigualable, el mejor jugador del planeta, pero una persona, en fin, cómo te vamos a convencer nosotros si no paramos ni un segundo a darnos cuenta que vos no sos el responsable del enojo que nos provoca perder, que muchas veces tiene más que ver con frustraciones propias que se despiertan.

Mirémonos al espejo y preguntémonos si nos exigimos a nosotros mismos el 1% de lo que le exigimos a este muchacho que en verdad ni conocemos. Cómo vamos a convencerte nosotros que nos cuesta ver que en el mundo entero te halagan, que en tus vacaciones podrías estar tirado en una playa y estás ahí corriendo y representando nuestros colores para que nos fijemos si corrés o cantás el himno.

Hacé lo que vos quieras Lionel, pero por favor pensá en quedarte. Pero quedate para divertirte, que es lo que esta gente te ha quitado. En un mundo de presiones ridículas, logran sacarle lo más noble que tiene un juego. La diversión. De pibe seguro soñabas con representar a tu país y divertirte. Verte jugar a vos con la celeste y blanca es el orgullo más grande del mundo. Jugá para divertirte que cuando vos te divertís, no te das una idea lo que nos divertimos nosotros. Gracias y perdón”.

Ese chico se llamaba Enzo Fernández, y seis años después, salió campeón del mundo junto a Leo, siendo el jugador revelación del Mundial 2022.

– **Vueltas de la vida:** Al acabar el partido en el que el actual entrenador de Arabia Saudita (Herve Renard) venció a Argentina en el Mundial 2022, dijo públicamente que Argentina sería el campeón.

– **Independencia divina:** Diego Armando Maradona se fue del Barcelona en 1984 y salió campeón del mundo dos años después. Lionel Messi rompió su relación contractual con Barcelona en 2020 y dos años después…

– **En 2025 hablamos:** En 2001, el equipo de fútbol París Saint-Germain compró a Ronaldinho y en 2002 ganó la Copa del Mundo. Lo mismo ocurrió en 2017, PSG compró a Mbappé y en 2018 ganó la Copa del Mundo. El año pasado, en 2021, compraron a Lionel Messi y en 2022…

– **La mano de Dios:** Cuando Maradona ganó el Mundial de 1986, señaló sin querer la bandera de Qatar en el estadio Azteca mientras era alzado en hombros para celebrar con la Copa en la mano.

Maradona con la bandera de Qatar
Diego «señalando» con su mano izquierda, la bandera de Qatar.

– **5 de copas:** Todo comenzó como una «idea boluda» de Rodrigo De Paul y Alejandro Papu Gómez. Consistía en tirar 10 cartas de un mazo y, antes de revelar cada una, los futbolistas debían adivinar cuál era. Si adivinaban una de diez, ganaban la copa. Messi, al final, le tocó el cinco de copas y prometió tatuárselo, una señal que celebraron como un gol.

Maradona 5 de copas
Diego jugando al Truco da vuelta la carta 5 de Copas.

A raíz de esto, salió a la luz una antigua foto de Diego Maradona jugando a las cartas con Osvaldo Ardiles, y el 5 de copas también estaba presente.

 En 2004, Maradona hizo una visita sorpresa al programa «Mar de Fondo» de Alejandro Fantino. En una entrevista única e irrepetible, que hace muchos años es viral, la gente se dio cuenta de que detrás de Maradona, en un póster, aparecía la fecha de la final (18 de diciembre). Lo curioso es que no coincidía con la fecha de la entrevista, y nadie sabe explicar el motivo de por qué estaba puesta esa fecha en el póster. Además, poca gente se percató de que en el año de esa entrevista habían pasado 18 años del Mundial de México y faltaban exactamente 18 para el Mundial de Catar. Es como si ese día fuera el punto de unión entre ambos mundiales, convirtiéndose en un eje narrativo. Una vez más, el número 1818 tiene una casual influencia en mi vida. ¿Casual?

Sol Macaluso, celebrando el Mundial de Argentina en Pugil Store
Amigos de Mundial

**Salir de cuentas** Si dividis con una calculadora 2022 sobre 1986 el resultado nos indicaba que Messi iba a salir campeón el 18-12, haz la prueba.

Diego en el programa «Mar de Fondo» (2004)

CAPÍTULO 6: «PERDER PARA GANAR»

Desde 2014 hasta el inicio de este mundial, una sucesión de eventos provocó un cambio de perspectiva en mi relación con el fútbol. Perdí la fe y comencé a contemplar el deporte sin pasión, aunque no perdí el interés, adopté una mirada más racional y cartesiana.

Mis equipos, la selección argentina, Boca Juniors y Atlético de Madrid (en ese orden), vivieron oportunidades históricas en estos años, y en todos los casos, el resultado se decantó en su contra. Se sumaron cuatro heridas futbolísticas complicadas: las dos finales de Champions del Atlético de Madrid contra el Real Madrid, la final del Mundial 2014 en Brasil de Argentina contra Alemania, y la final de la Copa Libertadores en Madrid entre Boca y River.

Estas derrotas históricas fueron difíciles de gestionar, y se sucedieron una tras otra en forma consecutiva. No hubo ningún triunfo que sirviera de anestesia, lo que me llevó a endurecer la piel, reprimir el dolor y convertirme en un analista del juego distante de la pasión popular.

En retrospectiva, no cambiaría ninguna de esas finales perdidas. Cada una fue un señuelo que, emocionalmente, proporcionó una sensación perfecta de liberación tras años de castidad futbolística. En mis sueños más extraordinarios, no podría haberse construido un guion tan artesanal y exacto para lograr un éxtasis semejante.

El último señuelo fue el partido contra Arabia Saudita. Después de la primera jornada mundialista, donde Argentina perdió y España goleó a Costa Rica, fui convocado por el periodista Siro López a una tertulia de opinólogos, la cual no debí aceptar participar, pero lo hice.

No me arrepiento, ya que me sirvió de experiencia y archivo histórico. Fuí claro e intelectualmente honesto. Quizás fui demasiado honesto e intelectual para ellos al punto que jamás volvieron a llamarme, a pesar de que acerté plenamente en todas mis «predicciones».

Salí con la guardia alta, es cierto, pero fui de frente, y no les gustó, no estarán acostumbrados supongo, dejando al descubierto el nivel periodístico en general y el uso irrespetuoso y banal de la palabra «libertad».

Estoy agradecido por la invitación, pero no era mi lugar. Me rindo ante periodistas deportivos como Juanma Trueba, o Juan Briso. Son genuinos. Ellos valen la pena, y siempre estaré disponible para lo que necesiten, al igual que para Luis Enríquez y Oscar Campillo.

En resumen, aquella noche, expresé lo siguiente:

No enumeraré mis aciertos en la entrevista.

Pido perdón tambien por decir que los españoles, en lo que a la selección se refiere, tenían una mentalidad de «nuevos ricos», sinceramente me enfadó la falta de respeto que estaban teniendo hacia la historia y a las potencias y generelaicé algo que en realidad iba dirigido a alguno de ellos, pero fuera de esa torpeza de mi parte, el resto del discurso fue honesto y acertado en lo que a pronósticos se refiere.

Pero prefiero citar mi único desacierto importante de aquella noche, cuando afirmé: «Yo no soy el típico argentino, yo soy un argentino raro, no creo en la magia ni en la hechicera, creo en el juego y desde ahí estructuro mis análisis, en el fútbol y en la vida».

Hoy, no estoy seguro si aún pienso así, solo sé que no sé nada, y la vida estaba a punto de aleccionarme.

36 años, o 13.150 días que pasaron desde aquel 29 de junio de 1986 hasta el 18 de diciembre de 2022, mi percepción del tiempo ha sido una danza intrigante, una coreografía de momentos que, en retrospectiva, revelan su importancia oculta. En apariencia, una época futbolísticamente vacía en lo que a la selección argentina se refiere, un lienzo en blanco que, a veces, me punzaba con el dolor de los sueños inconclusos. Pero hoy, desafiando las convenciones del tiempo lineal, afirmo con certeza que entre las líneas oníricas había profecías encubiertas.

Estoy muy poético. Lo sé. Debe ser la emoción. Pido disculpas por lo empalagoso.

Es que yo, en mi ignorancia, maldecía a la suerte en lugar de abrazar la providencia. Emergí como un analista cartesiano, desentrañando la lógica del juego, desterrando la intuición en favor de la racionalidad, tal vez para mitigar las frustraciones. Sin embargo, esta travesía me enseñó que el análisis racional, solo fragmenta las totalidades.

Descubrí que la mente nunca alcanza certezas absolutas.

Comprendí que, para aquellos atrapados en las telarañas del pensamiento lógico, mi testimonio puede parecer exagerado al reducirlo a la mera acción física y sudorosa de golpear una pelota y enviarla a la red. No obstante, hay algo más trascendental, algo que se sumerge en las aguas profundas de lo que llamo «la fe poética».

Recordando las palabras de Alejandro Dolina (a quien detesto por sus ideas y respeto por sus palabras), quien parafraseando a Coleridge explicaba que, para apreciar un fenómeno artístico, uno debe poseer «fe poética» y suspender la incredulidad. Así, cuando nos sumergimos en el teatro, no le susurramos al vecino: «El protagonista no es el príncipe de Dinamarca; es un actor, y se va a ir a comer una pizza con sus colegas cuando acabe su función». Coleridge afirmaba que debemos «suspender la incredulidad» al entrar al teatro o leer poesía. Yo añado que lo mismo aplica al fútbol, donde la fe poética nos lleva a creer que un gol de Messi puede mejorar nuestras vidas. Y, en la medida en que lo creemos, la mejora se manifiesta.

Así que, a partir de esa entrevista y durante su transcurso, experimenté una transformación, una elección consciente de creer en lo insondable, en la fe poética que, como un hechizo, convierte los goles en poesía y los partidos en epopeyas. Y, así pues, fui mutando hasta ELEGIR CREER.

Imágen del programa "Con Toni"
Participando en el programa de Toni Cantó, en el que estuve invitado para hablar sobre el Mundial de Fútbol.

CAPÍTULO 7: «KIRIKOCHO»

En el verano del 2022, durante el periodo de adviento mundialista, decidimos transformar nuestro espacio de PUGIL (la marca de moda de la cual soy cofundador: www.pugil.es).

Surgió así el concepto «speakeasy» dentro de la tienda, un espacio que, sin que yo lo sospechara, se transformaría en mi «bunker mundialista». Este rincón quedará grabado eternamente en mi memoria como el sitio donde viví, sufrí y disfruté un Mundial interminable. Fue una casualidad y, al mismo tiempo, una suerte de preparación para el inminente acontecimiento. Lo que se avecinaba requería un templo a la altura de las circunstancias, y sin proponérnoslo creamos así: Nuestro Búnker

A partir de la derrota contra Arabia Saudita en aquel lunes matutino, que nos tomó a todos desprevenidos y fuera de juego (aunque técnicamente fue un martes pero sabía a lunes), decidí que era hora de darle significado al Mundial que se desvanecía sin haber comenzado aún.

Es que hicimos las cosas mal ese día, no había clima de mundial.

Me junté a verlo en nuestro Bunker con Junama Trueba y Paco Cabrero (Juanma, prudente, por deferencia, no volvió a ver un partido conmigo con lo cual él también es campeón del mundo), Paco Cabrero (mi vecino y amigo) exortizó su «mufa» viendo con nosotros la semifinal con Croacia.

También estaba mi primo Mariano Bechara (la primera cara amistosa que vi hace 20 años en mi llegada a España), Tano Macaluso (quien no volvío más, aunque fue replazado por sus hijas) y mi querido Mirko Callaci (a quien le dedicaré un capítulo mas delante), quien no tuvo la mejor idea de traer a un amigo suyo ¡Chileno!

Hasta mis amigo chilenos (como Paco Pino) estarán de acuerdo conmigo que ahí estuvo el motivo por el cuál perdimos (Kirikocho)…

Entonces pués, ante la efímera sensación de que la última carta de Leo Messi se nos escurría entre los dedos y «Kirikocheando» al destino, detuve la pelota y me propuse iniciar la liturgia. No quería lamentarme de no haber hecho nada; por eso de la fe poética, y a partir del partido con México, decidí ver los partidos con mi mujer, mi hijo y todos los amigos que quisieran unirse a la causa en nuestro bunker de PUGIL (Loco Murcia, Nacho, Vicky, Mery, Nono, Christian Martin, Los Mauros y su banda, Paco Lee y Susy, Sol y Pía Macaluso, Los Rocha, Mirko y su Familia, Davor, Dani Reviriego, Mis suegros, Flor y Valentín… )

Llegó el partido contra México, un sábado 26 a las 20 horas (ahora sí, un día y una hora apropiados para ver fútbol). Nuestro bunker se llenó de amigos. Mi hijo se sentó a mi lado, y mantendríamos los mismos asientos en todo el Mundial, por lo de las cábalas.

Entre los amigos presentes se encontraba la periodista Sol Macaluso, quien, hasta hace poco, cubría la guerra en Ucrania (su padre estuvo en el parto de mi hijo en su día, ya que trabajaba para equipo del Dr.Pinazo).

Antes del partido, Sol compartió la historia de Messi y el 5 de copas, una historia que hasta ese momento desconocía o, mejor dicho, a la que no le había prestado atención debido a mis principios racionales futbolísticos que rechazaban cualquier fábula astral.

Cuando Sol me contó la historia minutos antes de comenzar el partido, en un acto impulsivo y desafiante a mis propias convicciones, proclamé frente a todos que si Argentina anotaba un gol a México en el minuto 86′ (por MÉXICO 86′), reconsideraría mi fe. Fue como lanzar un desafío a los cielos: «Si quieres que crea, tírame un centro».

Speakeasy en Pugil Store
Nuestro «Bunker» en PUGIL

Y la señal llegó.

En el minuto 86′ (Argentina ya ganaba uno a cero con aquel gol liberador de Messi).

Hay un saque de esquina a favor de Argentina. En nuestro bunker, alguien se percató de que estábamos en el momento clave para que la profecía se cumpliera y, en tono de broma dijo: «Martín, ¿qué tal si ahora hacen el segundo gol?». Fue entonces cuando De Paul sacó un córner corto, jugó con Messi, quien a su vez pasó el balón a Enzo Fernández (ese mismo Enzo Fernández que, seis años atrás, le escribió una carta a Messi). Enzo, al borde del área, se deshizo de su marcador con una espectacular bicicleta y definió hacia el segundo palo, anotando así el segundo gol de Argentina en el minuto 86′ con exactitud: 86:38 para ser exactos. Todos en la sala estallaron con un grito de incredulidad mezclado con la alegría que solo puede provocar un gol.

Es importante destacar que, oficialmente, la FIFA registró el gol en el minuto 87, como suele suceder, la realidad toma su propio camino mientras la FIFA sigue el suyo. Pero incluso esa discrepancia me pareció poética; es la historia repitiéndose. Maldita FIFA.

Gol de Enzo Fernández a México
Gol de Enzo Fernández a Mexico.

CAPÍTULO 8: «ELIJO CREER»

Madrid, martes 6 de diciembre de 2022

Sentados alrededor de la mesa en mi casa de Madrid, Flor, Valentín y yo compartíamos la cena con mis suegros, recién llegados de Santa Fe, Argentina. Estaban cansados por el largo viaje. Mi suegro y mi hijo compartían el amor por el fútbol, así que la conversación giró inevitablemente hacia EL MUNDIAL. Argentina ya había vencido a Polonia y a Australia, y la ilusión comenzaba a crecer.

La charla se extendió y se volvió más profunda, más íntima. En un momento, la conversación se desvió hacia lo que hubiéramos deseado ser.

Carlos, mi suegro, confesó que le hubiera encantado ser futbolista y que tenía condiciones para ello. Nos contó que en varias ocasiones lo buscaron desde el Club Unión de Santa Fe (equipo del cual es hincha), pero su padre se negó rotundamente y lo obligó a dedicarse a sus estudios universitarios.

Siguiendo el tono de confesiones, admití ante todos que no hay día en el que no desee haber jugado un Mundial (o dos). A veces siento que nací para eso y nunca lo intenté siquiera.

Les comenté que este Mundial me estaba transformando a tal punto que sentía la necesidad de hacer algo por la causa, aunque fuera a pequeña escala, como lo hizo en su día Roberto Cejas, aquel que levantó a Diego con la copa en la final del 86′.

Mi suegra preguntó: «¿Quién es Roberto Cejas?» y les conté su historia. Al terminar el relato, les pregunté a mis suegros si conocían a Roberto, «Santa Fe es una ciudad pequeña, y ustedes llevan toda la vida allí, seguro que tienen gente en común, ¿no?», les dije. Sin embargo, no lo conocían ni les sonaba su nombre.

Mientras continuábamos la charla, busqué a Roberto en Instagram y encontré a un Roberto Cejas que parecía ser mi Roberto Cejas. Le envié un mensaje privado: «Hola Roberto, soy Martín. Soy argentino y vivo en Madrid desde hace 20 años. Estoy en conversaciones con varios medios para hacerte varias entrevistas. Sería un honor hablar contigo. ¿Me darías la oportunidad de que hablemos por teléfono y te explique?»

Roberto me respondió de inmediato, me pasó su número de teléfono y acordamos hablar al día siguiente por la tarde.

CAPÍTULO 9: «7 de diciembre, FECHA CIRCULAR»

Desde un recuerdo se despliega esta novena parte del relato:

Un sábado 7 de diciembre de 2013, yo me encontraba solo en Madrid, ya que Flor y mi hijo se habían ido a Argentina para pasar las navidades, y yo me uniría a ellos una semana después, ya que el trabajo me obligó a quedarme unos días más en España. Fue durante ese viaje que mi mujer me contaría la historia de Roberto Cejas por primera vez.

Recuerdo esa fecha perfectamente porque coincide con el cumpleaños de mi abuelo, Roberto Fontana.

Mi abuelo, un ex policía y descendiente de un siciliano que llegó a Argentina en busca de un futuro mejor, era un personaje peculiar. Tenías que mirar más allá de sus capas para entenderlo. Murió poco antes de que me mudara a España. Para describirlo en pocas palabras, diría que era exactamente como el personaje de Clint Eastwood en «Gran Torino», pero una vez que quitabas la fachada, descubrías que era como un niño, con un corazón enorme (al igual que el personaje de Clint). En sus últimos años, nos hicimos muy amigos, y lo quise mucho, especialmente después de la muerte de mi abuela. Ella era sabia y servía como el nexo entre mi abuelo y el resto de la humanidad. Mi abuela Elsa es la persona con la que asocio a Mario Kempes, al relator José María Muñoz y todo lo relacionado con el Mundial 78′. Ella me enseñó a amar a la selección argentina y a querer a mi abuelo.

Eran las 19 horas de aquel 7 de diciembre de 2013, y como era sábado, decidí pasear por la Gran Vía para disfrutar de las luces y el ambiente navideño de la ciudad.

Lo que voy a contar a continuación nunca me había sucedido antes y nunca volvió a sucederme. Entiendo que algunos puedan sentir incredulidad al respecto, pero lo contaré tal como lo percibí.

La calle estaba llena de gente, como era habitual en esas fechas y más aun siendo un sábado. Ya había oscurecido, y las luces de la ciudad creaban la atmósfera mágica previa a la Navidad. De repente, sentí un escalofrío en mi espalda y percibí la presencia de mis abuelos caminando detrás de mí. No me volví, no me atreví. Escuché a mi abuela hablándome sobre lo bonita que era Madrid. Se escuchaba la risa característica de mi abuelo, como si estuviera disfrutando del momento. Mi abuela continuó hablándome durante unos 2 o 3 minutos más, y yo, incrédulo, pensé que no podía ser posible. Le pedí confirmación al cielo de que lo que estaba experimentando fuera real. Al terminar mi petición, dejé de escuchar a mis abuelos y choqué de frente con Iker Jiménez y su mujer Carmen Porter…

Martín con su abuela
Alberto Longo (mi padrino), Mi abuela, mi tía Stella y yo.

Para mí, no hay señal más clara e instantánea que esa. Sé que aquellos que conocen a Iker Jiménez lo entenderán, y aquellos que no lo conocen, les aconsejo que busquen en Google (como dirá Massa).

Nunca volví a cruzarme con Iker Jiménez, a pesar de tener muchos amigos en común. Sé que es un amante del fútbol, pero tengo la certeza de que nos encontraremos pronto, y además de contarle esta historia, le invitaré a que lea estas líneas. Él es uno de los nuestros, y sé que lo disfrutará.

Han pasado nueve años desde aquel 7 de diciembre, y hoy, en la misma fecha, pero del año 2022, a las 19 horas, estoy a punto de llamar a Roberto Cejas, aquel que estuvo en el lugar indicado en el momento más glorioso del fútbol argentino junto a Diego Maradona.

Mi llamada sonó de 3 a 4 veces hasta que Roberto contestó, y del otro lado escuché una voz amigable, familiar, cercana.

«¿Cómo te va, Martín querido?» me dijo con cierto tono de provincia, de buena gente. Yo que soy más urbano, me presenté con cierto protocolo e intenté darle explicaciones racionales para justificar mi llamada. Pero Roberto, más sabio y sencillo, rompió el hielo y facilitó la charla. Hablamos sin parar: de Diego, de fútbol, de recuerdos, de anécdotas. Hasta que, en un momento, empezamos a hablar del Mundial de Qatar que se estaba disputando.

Me contó que no pudo estar en la final del Mundial 90′, que perdimos, y que tampoco estuvo presente en la final del 2014, que también perdimos, y entonces, se produjo un largo silencio.

A veces, los silencios no son tiempo perdido.

El silencio se prolongó, sin llegar a ser incómodo. Sentí como si viajara en el tiempo hasta aquel 25 de junio de 1986, aquel miércoles en el que Roberto condicionó el resultado de una semifinal para tomar la decisión de viajar a la final en México. Y de repente, sucedió. Empezó a ser la historia dentro de la historia. Fue como viajar en el tiempo para determinar el futuro, con la incertidumbre del efecto mariposa. Sabía que, si cambiábamos algo, cambiábamos todo.

En el universo de la derrota, él no estaba determinado a viajar a la posible final del 18 de diciembre. En consecuencia, entendí en una milésima de segundo que, si Argentina llegase a la final, Roberto debería estar presente en Lusail. Digamos que, en la teoría de los “multiuniversos” , nos cambiamos de carril y nos dirigimos a la mejor de las versiones.

Entonces rompí el hielo y le pregunté lo que él quería escuchar:

Martin: ¿Vos estás bien de salud, Roberto?

Roberto: Sí.

Martin: ¿Tenés el pasaporte al día?

Roberto: Sí.

Martin: ¿Estás trabajando o hay algo que te impida viajar?

Roberto: Estoy jubilado y me separé hace años; vivo solo.

Desafiando al tiempo y convirtiéndome en parte de la historia que mil veces conté, le hice la pregunta:

Martin: Roberto, no voy a dar más vueltas; hace una década que quiero hacerte esta pregunta. Si Argentina le gana a Holanda y luego le gana a Brasil o a Croacia en las semifinales, ¿vos estarías dispuesto a viajar a Qatar para ir a la final?

Roberto: ¡Por supuesto! – me dijo.

Martin: Entonces, Roberto, yo te garantizo que, si Argentina llega a la final, moveré cielo y tierra para que vos estés el 18 de diciembre en Lusail.

Roberto: ¡Hace 36 años que estoy esperando esto!

*Un 7 de diciembre de 2023, un año después de esa llamada, se estrenaron en los cines de Argentina las Peliculas: «Muchachos» y «Elijo Creer» ambas en conmemoración del triunfo de la selección Agentina en Qatar…

CAPÍTULO 10: «A CONTRARRELOJ»

Faltaban tan solo diez días para una «supuesta» final, y tenía que buscar financiación para hacer realidad el sueño de Roberto Cejas. Lo complicado de la situación radicaba en que todo dependía de un doble resultado (cuartos de final y semifinal), y no podía esperar esos resultados para iniciar las gestiones, ya que luego no tendría margen de maniobra. ¿Cómo vender una idea que depende de varias casuísticas?

A lo largo de los años, aprendí que «todo es gestión». La gestión se optimiza con una buena agenda, que a su vez depende de tener una posición de privilegio o un espacio estratégicamente ubicado geográficamente en la ciudad correcta. Es fundamental contar con un flujo de público diverso e influyente, ser observador, estar abierto y saber detectar a las personas valiosas, así como detectar a las personas tóxicas y mantenerlas a distancia, independientemente de su posición o utilidad, convirtiendo este principio en innegociable. Al menos, ese es mi concepto de agenda; prefiero tener amigos que contactos, es una decisión.

Tenía la suerte de haber creado PUGIL STORE en 2014, y ese era mi espacio, donde había hecho muchos amigos. Estaba jugando el partido que más me gustaba: gestionar quimeras. Los desafíos son mi zona de confort porque me hacen crecer, y cuando me veo en estas situaciones, me divierto y aflora mi instinto, mi vocación. Utilizo métodos de creatividad para optimizar el abanico de opciones que genero, y por encima de todo, no existe el desánimo, solo la resistencia.

En los últimos años me dedique a hacer veladas de boxeo en teatros (cosa muy compleja) para salir de mi zona de confort y expandir mis conocimientos, y aprovechando el nombre de mi marca (PUGIL) creé un relato para potenciar la marca.

Monday Battle at the Theatre

Y este esfuerzo me enseño algo fundamental que puede sonar vulgar, pero se resume en una frase que me resulta descriptiva y es autoría de mi primo Chalo Longo: «El burro no folla por guapo, sino por insistente».

Estábamos ya en la «Zona Cesarini», y es ahí cuando comienzo a jugar. Lo primero que hice fue escribir a Luis Enríquez Nistal y a Oscar Campillo. Por circunstancias, Luis en esos días estaba ocupado resolviendo unos temas urgentes y no pudo darme las respuestas inmediatas que requería la situación (cosa totalmente comprensible). La idea era pedir apoyo financiero a RELEVO y que fueran EL MEDIO que contara e hiciera realidad esta historia.

Pasaron 24 horas y empecé a ponerme nervioso. No quería molestar ni presionar a Oscar Campillo, así que hablé con Natalia Freire de Radio Marca (una buena persona). Le conté la historia y le pedí su espacio para buscar financiación. Ella decidió (con muy buen criterio y generosidad) que, en lugar de salir en su espacio, era preferible una entrevista con Vicente Ortega. Me puso en contacto con él, y nos hizo una buena entrevista a Roberto y a mí al mismo tiempo, y así comenzamos el camino.

Entrevista en Radio Marca

ARGENTINA 3 vs CROACIA 0

Aunque para RELEVO el diario Marca es «competencia», es importante ser agradecido, y aprecio la generosidad de Vicente Ortega y de Marca hacia mí siempre.

La entrevista nos proporcionó cobertura mediática y nos permitió explicar la historia de manera más sencilla. Muchos amigos se pusieron a mi disposición, y personas como mi querido Félix Puebla ofrecieron donar una buena cantidad de dinero a fondo perdido solo por la causa. No acepté su generosa oferta, pero su gesto quedó en mi corazón. Soy un privilegiado.

Argentina eliminó a Holanda, y se acercaba el partido con Croacia. Como le prometí a Roberto, estaba moviendo cielo y tierra para convencer a alguien de que esta historia era GRANDE, pero sabía en el fondo que hasta que Argentina no pasara a la final, nadie se fijaría en esto. Y así sucedió.

El 13 de diciembre de 2022, cuando el árbitro pitó el final del partido, le escribí a Roberto y le dije que preparara las maletas por si acaso, y así fue. El 14 de diciembre por la mañana, Oscar Campillo me llamó para confirmar que RELEVO y Luis Enríquez nos apoyarían en la causa. Sabía que no me fallarían, pero teníamos que intentar que Roberto levantara a Messi, una solicitud lógica. Sería una historia única.

Llegó el momento que estaba esperando, era el momento de llamar a Roberto y comunicarle que su sueño se cumpliría. Joaquín Reyes estaba conmigo en PUGIL en ese momento, algo poético ya que él y yo solíamos hablar mucho de fútbol y comentamos la historia de Roberto varias veces. Joaquín fue testigo de mi llamada a Roberto y se interesó por la historia. Mientras hablaba con Roberto, él nos miraba y se reía, sugiriendo en broma que, en caso de que ganara Francia, debería por lo menos intentar levantar a Mbappé bajo el grito de “yo he venido a levantar gente”. Risas. Joaquín se ofreció a ayudar con un posible documental. Al día siguiente, replicó mi historia de Instagram para dar visibilidad a la causa, asi es Joaquín.

Martín y Joaquín Reyes en Pugil Store
Joaquín Reyes y yo en PUGIL.

Desde ese momento, todo fue vértigo. Solo teníamos cuatro días para organizar el viaje desde Santa Fe/Buenos Aires (autobús), vuelo Buenos Aires/Madrid (para conocernos y hacer una entrevista en la redacción de RELEVO), vuelo Madrid/Doha, alojamiento en ambas ciudades (complicado), conseguir entradas para el partido (complicadísimo), generar contenido audiovisual, contactar al entorno de Messi u otros jugadores para intentar la gesta, y hacer mucho ruido en todos los medios posibles, siempre asegurándonos de que se respetara y mencionara la autoría de RELEVO. Porque a partir de ese momento, yo era RELEVO y tenía, tengo y siempre tendré la camiseta puesta.

Bajo esta premisa, empecé a trabajar en la causa.

CAPÍTULO 11: «ZONA CESARINI»

*El término proviene del nombre del jugador de fútbol ítalo-argentino  Renato Cesarini (1906-1969), que tenía la habilidad de realizar goles en los minutos finales de los partidos.

La estrategia era clara: Relevo se ocuparía de los billetes y alojamientos, generaría parte del contenido audiovisual y realizaría entrevistas para contar y publicar la historia. Mi responsabilidad incluía generar visibilidad en otros medios, especialmente en Argentina y España, llegar a los entornos de los futbolistas clave para intentar allanar el camino a la posibilidad de que Roberto se encuentre con Messi. Además, debía generar contenido audiovisual para el futuro documental (y lo hice) y, por último, conseguir el ticket para que Roberto ingresara al estadio de Lusail en la final, 36 años después.

Mientras el equipo de Relevo organizaba el viaje, mi primer paso fue contactar a Los Cósmicos, esos amigos músicos con los que anteriormente bromeamos sobre la posibilidad de que Roberto fuera portada de un disco suyo.

Con Agus y «Pelu» de Los Cósmicos, acordamos hacer el documental y se unieron a la causa. Su misión era recoger a Roberto en la estación de autobuses de Buenos Aires, llevarlo al Aeropuerto de Ezeiza y grabar visualmente esas horas juntos.

Una de mis preocupaciones era que Relevo no tenía a nadie en Qatar para acompañar particularmente a Roberto Cejas. Yo no podía ni quería viajar a acompañarlo por razones laborales, falta de entradas y otros compromisos. Además, quería estar con mi hijo en el momento consagratorio en caso de que Argentina saliera campeón (como mu padre estuvo conmigo en el abrazo que nos dimos en el 86´).

Necesitaba una persona que estuviera y acompañara a Roberto una vez en Qatar. Simultáneamente, acordé con Relevo una entrevista conmigo en PUGIL antes de la entrevista a Roberto en la redacción del periódico. Necesitaba contenido para enviar la noticia a todos los medios posibles.

La entrevista la realizó Marcos Durán (es aquel que meses después, revisando fotos, detecté que estaba sentado frente a mi en la embajada el día del abrazo a Burruchaga.). Después de unos minutos de conversación, supe que él era la persona adecuada para acompañar a Roberto a Qatar. Al finalizar su entrevista, llamé a Oscar Campillo (su jefe) y lo convencí de enviar a Marcos como corresponsal de la noticia junto a Roberto Cejas. Con esto, teníamos otro tema resuelto, y Oscar «me quería matar» una vez mas…

Entrevista en Relevo

Con la entrevista publicada en RELEVO, contábamos con el material necesario para enviar a medios argentinos y españoles.

Llamé a mis primos Pablo y Chalo Longo, quienes, sin dudarlo, se unieron a la causa. Pablo, economista y un gran relaciones públicas, siempre fue mi mentor. Chalo (buen tipo si los hay), exrugbier quién participó en tres Copas Mundiales con Los Pumas, se movió con devoción para contactar con diferentes medios, iniciando así la viralización de la noticia. La estrategia era clara: hacer ruido para que la historia llegara a oídos de Leo Messi.

Niños sentados
Pablo Longo (primo), Guadalupe (mi hermana), Yo (mi primer dia de clases) y Chalo Longo (primo)

CAPÍTULO 12: «SINCRONICIDAD»

El 15 de diciembre, la sincronicidad entró en escena. Mi mente era una autopista, llena de información y conversaciones que se sucedían a gran velocidad.

El vértigo resultó beneficioso, manteniéndome ocupado y evitando que la ansiedad por la inminente final se apoderara de mí. La estrategia consistía en avanzar paso a paso. El viaje de Roberto estaba resuelto; llegaría a Madrid el viernes, realizaría entrevistas pactadas con varios medios y comería en mi casa esa noche. El sábado por la mañana, se dirigiría a Lusail junto a Marcos de RELEVO, con un hotel ya asignado.

Una vez en Qatar, Sol Macaluso, la misma que compartió la historia del 5 de Copas en nuestro búnker durante el partido con México, estaría allí para recibir a Roberto. Unos días después de aquel encuentro, a Sol la llamaron para cubrir el Mundial, una muestra más de cómo la sincronicidad actúa en nuestras vidas.

Con las piezas en movimiento, quedaban dos desafíos cruciales: asegurar el ticket para la final en Lusail y lograr que Leo Messi conociera la increíble historia de Roberto.

En medio del torbellino de acontecimientos, recuerdo haber hablado con varios medios tanto en Argentina como en España. La noticia comenzó a ganar terreno, con RELEVO a la cabeza, seguido por TVE española, Diario Marca, Diario AS, Canal 9, Libertad Digital, El Desmarque, El Periódico de España, Goal, Clarín, La Nación, Juan Pablo Varsky, TyC Sports, FiloNews, Rosario 3, entre otros. Incluso la noticia se extendió a medios franceses y árabes. Estos son solo algunos de los medios con los que hablé; hubo varias entrevistas en radios de Argentina y una en Cataluña, pero hay muchos detalles que se me escapan.

Sin embargo, recuerdo con claridad haber rechazado a uno en particular: «El Chiringuito». ¿La razón? No estaban dispuestos a mencionar y dar crédito al diario RELEVO. Querían contar la historia a su manera, ignorando a quienes apostaron por mí. No me paració justo y los rechacé.

CAPÍTULO 13: LA PRUEBA EMPÍRICA

CAPÍTULO 14: «EL ILUSIONISTA»

Mirko sube a un avión, le dice algo a una azafata y se sienta en su sitio.

El vuelo, con rumbo a lo desconocido, tomó altura y la señal indicó la posibilidad de soltarse el cinturón de seguridad. Mirko, ávido por desafiar la rutina del trayecto, se levantó, y haciendo un paripé hace que activa un botón en el panel de luces y, con un gesto, solicita asistencia a través de un supuesto intercomunicador: «Azafata, ¿podría traerme un vaso con agua, por favor?»

Con una sincronización mágica, la azafata pronto apareció, llevando consigo el anhelado vaso. Mirko, de manera despreocupada, bebió el agua mientras observaba de reojo las reacciones a su alrededor. La sorpresa en los rostros de los otros pasajeros no tardó en manifestarse. Con cierta confusión, muchos se levantaron, buscando en sus paneles similares intercomunicadores que sirvan para demandar necesidades.

Entre risas contenidas, Mirko disfrutaba del espectáculo que se desplegaba a su alrededor. La resolución de este peculiar suceso se remontaba a su ingreso al avión, «engañando» a la azafata lconfiado su tendencia a sentir un fuerte malestar durante el despegue, sugiriendo que un vaso de agua podría evitar cualquier inconveniente. Ella, hábil en su labor, atendió su petición.

Mirko hace esto porque es ilusionista y permanentemente prueba distintas reacciones de la gente para enriquecer su magia. 

En esta anécdota, absolutamente cierta, defino la personalidad de mi querido amigo.

Conocí a Mirko Callaci en esos días iniciales de la «nueva normalidad» después de la pandemia. Fue en nuestra tienda, PUGIL, donde sin sospecharlo, compartiremos la experiencia de presenciar la final del 18 de diciembre de 2022, junto a su familia y otros amigos.

Ilusionista premiado y aclamado, su trayectoria de éxitos en China lo convirtió, en la última década, en una suerte de rockstar en el gigante asiático. Sin embargo, abrumado por la fama, tomó una decisión crucial antes del estallido de la pandemia: mudarse con su familia a Madrid en busca de una nueva vida.

Martín y Mirko Callaci
Mirko y yo en un exposición de Kubrick en Madrid.

Hoy viernes 16 de diciembre estoy junto a Mirko y un par de colaboradores del equipo técnico del diario RELEVO, esperando a Roberto Cejas en el aeropuerto de Barajas.

Mirko, con su energía hiperactiva, despliega trucos y entretenimientos para los chicos del equipo, tratando de aligerar la tensión de la espera. Sin embargo, mi preocupación crece por la dificultad de conseguir un ticket para la final.

Recurro a mi red de contactos, y escribo a mi querido amigo Brian Costa, siempre generoso, quien se puso hacer gestiones para conseguirme un ticket para la final contándole el caso al mismísimo Marcelo Tinelli, de quien debo decir, tuvo una respuesta cariñosa, pero poco pudo hacer ya que incluso para él estaba complicada la gestión.

Mi ansiedad se incrementa. No puedo defraudar a Roberto.

La amistad con un ilusionista como Mirko ofrece una ventaja invaluable en situaciones de presión. Su enfoque en el pensamiento lateral y su habilidad para crear soluciones alternativas se convierten en tu ancla en estos momentos de incertidumbre. ¿Y quién mejor que él para ejercitar el arte del error y tener un plan de respaldo?

Mi mente está trabajando a toda velocidad, explorando opciones, incluso las más extravagantes que propone Mirko. Pero mis preocupaciones no se limitan solo al ticket. También estoy decidido a acercarme al círculo de Messi, tratando de aumentar las remotas posibilidades de que Roberto pueda compartir un momento con él.

Mi amiga Sol Macaluso, quien ya está en Qatar a la espera de Roberto, tiene conexión con Kun Agüero, y esa puerta podría abrir nuevas oportunidades para el encuentro entre Roberto-Messi y le pedí que hable con él.

Sol Macaluso, con Roberto Cejas
Pía y Sol Maclasuso junto a Roberto Cejas en Qatar.

Simultáneamente recibo el mensaje de la agencia de Publicidad que lleva la cuenta de cerveza Quilmes en Argentina (quienes iniciaron el: “Elijo Creer”) y me plantea la posibilidad de cerrar su campaña con Roberto levantando a Messi.

Sería el cierre perfecto, me dicen y me quedo a su disposición sabiendo con poca esperanza, como publicista que soy, que apostar a una estrategia que esta condicionada a un resultado era una decisión muy arriesgada. No volví a saber de ellos, pero empecé a entender que la noticia estaba haciendo ruido.

Levanto la vista y veo a Roberto desembarcando por la puerta de salida.

Lo veo venir, y reflexiono sobre lo delirante que puedo llegar a ser, hay una parte de mí que se sonroja, pero me «acuerdo del burro» y sigo adelante.

Pensar que hace un par de semanas esto no estaba ni en mis planes…

CAPÍTULO 15: «EL PEDESTAL DEL AZTECA«

Ahí está el hombre, el único ser en la tierra que sabe cuanto pesa Maradona mas copa, ese que fue en la foto más gloriosa el PEDESTAL DEL AZTECA, se acerca hasta mi con el paso cansado mas por los años que por el viaje, con su 1,90 m de estatura uno comprende que hasta en eso era listo Diego, al elegir al mas alto de todos para postrarse en la imagen eterna.

Me mira, me da una palmada en la cara, se ríe y me da un abrazo.

Le presento a Mirko y a los chicos de Relevo y nos dirigimos hasta el coche rumbo a la redacción de RELEVO (Vocento) y a partir de ese momento todo fue demasiado vertiginoso.

Mirko, Roberto y yo nos sentamos en el asiento de atrás, en ese momento me entra una llamada de AITOR KARANKA, otro de los buenos tipos que ha dado el futbol.

Aitor me dice que estuvo en PUGIL y que mi socio Nacho (otros de lo que estuvieron en la final del 18 de diciembre) le contó la historia de Roberto y le pareció muy divertida, tanto que me llamó para pasarme el teléfono de Marcelo Méndez, el director de comunicación de Unique Fc o sea es quien le lleva la comunicación a LEO MESSI.

Mientras hablo con Karanka, Mirko le esta haciendo un truco de cartas a Roberto Cejas y soy consciente de todo y me resulta delirante.

Karanka, Mirko, Marcelo Méndez, Roberto Cejas… me supera la mezcla.

El truco de Mirko Deriva en que Roberto acaba sacando un 5 de copas. Risas. Distiende el clima, mientras vamos llegando a Vocento.

Me llega un mensaje de Sol Macaluso.

Mensaje “MARTIN, AL ENTORNO DE AGÜERO NO LE INTERESA LA HISTORIA DE ROBERTO”.

Aunque en ese momento me enoje (por lo tajante) y no lo entendí, con el tiempo he resuelto el misterio y lo comprendí. Agüero ya había pactado con Messi ser SU pedestal de su gloria.

Aunque, en honor a la verdad, no tengo claro que «el Kun» se haya enterado de esta historia, solo sé que que lo supo su entorno.

Roberto Cejas en Relevo
Roberto y yo en RELEVO

Al acabar la entrevista con Relevo nos tomamos un taxi corriendo rumbo a PUGIL donde nos haríamos una entrevista TVE en nuestra tienda.

Mientras íbamos en el taxi me llega un Mensaje de Sol Macaluso diciéndome que estaba en un bar de Qatar tomando algo con Checho Batista y Chino Tapia (dos ex futbolistas que fueron parte de la plantilla de México 86´).

Casualidades de la vida, Mirko (que no es nada futbolero) me dice que en China se hizo amigo de Batista cuando el barbudo y lento ex mediocentro de la albiceleste estuvo viviendo allí.

Le digo a Sol que les cuente lo de Roberto Cejas a ver si nos pueden dar una mano para llegar hasta Messi. Y con mucha generosidad (como siempre) Sol así lo hizo así y la respuesta acomplejada de Tapia y Batista fue “Ah, ¿ahora es más importante el tipo que levantó a Maradona, que el equipo que jugó con el?”.

Muy pobre la respuesta.

Cero sensibilidad, cero espíritu creativo, cero capacidad de verle lo divertido a la anécdota pintoresca.

Les dan importancia a tonterías.

Lo que da pena, y no quiero dejar de decirlo, es que en este caso un par de viejas glorias decadentes tuvieron la llave en su mano para hacerlo, pero por sus complejos de inferioridad fueron mezquinos cuando pudieron ser generosos, allá ellos.

Les faltó grandeza, los grandes de verdad tienen otra clase, me consta.
Solo verlos en el festejo.
Eran torpes bufones bailando una danza rota en un escenario ajeno, fuera de contexto, resultaban ser ídolos erosionados tratando de absorber el último flash.
Y como no van a entender ni una sola palabra lo que acabo de escribir, no se van a ofender , que esperar, mal por mí al pretender que salga luz de ahí. Perdonados están.

Yo siempre digo que hay dos argentinas y ellos representan la argentina que no soy ni quiero ser.

Al leer el mensaje no le digo nada a Roberto para que no se desanime, mi primera responsabilidad era protegerlo y cuidarlo y decido en ese momento llamar a Marcelo Méndez (jefe de prensa de Messi), quien gracias a Karanka estaba esperando mi llamada.

No voy a hacer publica la intimidad de la llamada por respeto a su privacidad, pero solo diré que Marcelo fue muy cercano, muy simpático y hasta cómplice del relato. Le pareció muy divertido y se puso a mi disposición, aclarándome que no iba a ser fácil hacer que Roberto levante a Leo, por un tema de seguridad y que no le podía anticipar esto a Leo porque lo de las “cábalas argentas” no lo permiten, pero que si de él dependiera le encantaría que ocurra y pondrá de él para que pase, y me consta que el tipo lo intentó.

Que diferencia en la comparativa con la respuesta de los dos ex futbolistas crepusculares que se quedaron aferrados a México 86´.

Con el tiempo he descubierto, al revés de lo que se suele creer, que los más grandes o los que ocupan posiciones importantes suelen ser los más sencillos y humanos.

En estas líneas pues, le agradezco a Marcelo Méndez su generosidad para conmigo. ¡Chapeau!

Roberto Cejas en Pugil Store
Roberto Cejas en nuestro «Bunker» de PUGIL

CAPÍTULO 16: «EL ÚLTIMO BAILE»

Sentado a la mesa del comedor de mi casa en Madrid, me dispongo a cenar, y frente a mi están mis suegros, mi mujer, mi hijo y Roberto Cejas.

Diez días atrás le pregunté a mi Suegro si lo conocía y ahora Roberto estaba en la misma mesa sentado discutiendo con él de futbol (uno es de Colón de Santa Fe y otro de Unión de Santa Fe).

Roberto CEjas con Martín
Roberto y yo.

Contemplo incrédulo la escena con distancia y riéndome para mis adentros disfruto de lo que está sucediendo.

Acabamos de salir en vivo, desde mi casa para canal 9 de Argentina donde le hicieron una entrevista más a Roberto.

El mundo me resulta pequeño y siento que todo esta a la vuelta de la esquina.

La charla se volvió distendida, y le cuento a Roberto que nosotros nos casamos un 29 de Junio (misma fecha que la coronación de Argentina en México) y que yo le propuse a Flor en su momento invitar al señor que levantó a Diego en el 86´ para que me levante a mí en nuestra boda ya que había coincidencias de fechas.

Entonces (entre risas) Roberto me preguntó ¿y porque no me invitaste?

Y mi respuesta fue: Primero porque no te conocía (aunque era cuestión de buscarte), y segundo porque Flor no quiso, le parecía un delirio.

Flor mira a Roberto y le pregunta ¿hubieras venido? y Roberto sin pensárselo le afirma «por supuesto».

Risas.

Todo fluía.

Al punto que en el CAPITULO 3 de este mismo ENSAYO empecé diciendo exactamente esto :* «En diciembre de 2013, mi mujer, mi hijo y yo nos encontrábamos en la tranquila cafetería Estación Matilde en Santa Fe, Argentina, disfrutando de un café y un sándwich tostado llamado «Carlitos». Flor se levanta y se va a comprar varias revistas a un kiosko cercano, para tener lectura banal para nuestro viaje de vuelta en el avión. Aquella visita a la ciudad natal de Flor, mi esposa, para ver a su familia parecía un evento insignificante en ese momento, pero se convertiría, nueve años después, en un capítulo significativo de nuestra vida»

….y Roberto esa noche nos comenta que él es el dueño de estación Matilde, justo el sitio donde empecé a conocer su historia, casualmente.

Todo fluía y fluía.

Yo sentía la satisfacción del deber cumplido, mi labor en lo que se refiere a viralizar la noticia estaba hecha, hasta el mismo equipo de comunicación de Messi lo sabía, Roberto saldría mañana Rumbo a Qatar, ya tenía quien lo acompañe en su trayecto (Marcos), tenía gente esperándolo allí (Sol y Pía Macaluso), tenía su hotel asignado en Qatar, y solo faltaba el ULTIMO BAILE: conseguir un ticket para ver la final, e igual que hacía 36 años, Roberto llegaría un sábado y sin ticket, como para cumplir con las escrituras, ya que según la liturgia cabalística así debía ser, y pensar eso me relajo y solté mi última preocupación.

Lo entregué a la providencia, y fue así como unos minutos después recibo un audio desde argentina de mi primo Pablo Longo (alias Magic) donde me indica que Mariano, representante de Dimaría puede conseguirme la entrada para Roberto.

Ma pasó su contacto aconsejándome que le escriba urgentemente y eso hice.

Parece que Mariano tenía un gran respeto por mi primo ya que me dijo que esas entradas estaban muy cotizadas pero que nos iba a cobrar el precio de taquilla, y así fue y se lo agradezco enormemente, me resulta de justicia poética que «el Fideo» haya hecho su gol en la final, en definitiva, en la vida todo vuelve.

Mariano nos dijo que el domingo Roberto deberá encontrase con él dos horas antes en las inmediaciones del estadio para darle las entradas y así se cumpliría la profecía: “Llegarás el sábado sin ticket”.

Desde aquellos 17 dólares de soborno al “guardián” del azteca pasó una vida y esta vez compro un ticket legal (para sanar la causa), la cifra fue la misma pero con dos ceros más, con lo cuál se mantuvo vigente el numero de la “suerte” de Roberto recibiendo dándonos así la penúltima señal del cielo, pero un quedaba la última: Roberto me sugiere que le pida a Mariano una foto del ticket y como no podía ser de otra manera le tocó el asiento 17.

Entrada a la final del Mundial en Qatar
El ticket de Roberto (me lo regaló al volver a Madrid).

CAPITULO 17: «EL EFECTO MARIPOSA»

En un mediodía de primavera del año 2019, me encontraba en un restaurante mexicano compartiendo una comida con mi amigo, el periodista Marco Rocha, quien sería otro de los compañeros presentes esa tarde-noche del domingo 18 de diciembre en nuestro santuario de PUGIL. Durante nuestra conversación, el nombre de Lionel Scaloni emergió en repetidas ocasiones, ya que en ese entonces actuaba como entrenador interino de la selección argentina.

Resulta que Marco había trabajado un tiempo para la federación durante la época en la que Scaloni cursaba su formación como entrenador de fútbol, y tuvo la fortuna de tenerlo como alumno en sus clases de comunicación estratégica.

Me relató un suceso que quedó grabado en mi memoria: el curso incluía una materia denominada «rueda de prensa», donde llevaban a cabo ejercicios prácticos sobre cómo encarar a un grupo de periodistas durante una sesión de preguntas y respuestas.

Recuerdo vívidamente una anécdota fascinante que, por respeto a la privacidad, no revelaré aquí. No obstante, en algún momento, tengo la intención de compartirla personalmente con Scaloni.

Lo que sí puedo decir es que lo acontecido en esa aula tiene un matiz de trascendencia, pues ejerció una influencia que desencadenó en acontecimientos significativos para la gloria futura. Todo suma.

Es que al final dentro de un todo a una suma interminable de pequeñas causalidades que hacen que se escriba el destino.

Roberto Cejas en Qatar
Roberto rumbo a la final en Qatar

Y en este caso, en esta historia, ¿cuántas coincidencias se alinearon para que ocurriera lo que todos (o casi todos) ansiábamos en lo más profundo de nuestros corazones?

Estaba predestinado que Messi sería campeón del mundo (para dolor de Tomas Roncero y Juanma Rodríguez, lo siento señores «you have it inside») . Sin embargo, cada día me pregunto, en el contexto del efecto mariposa, ¿si hubiéramos alterado alguno de los acontecimientos concatenados, habría cambiado el rumbo del destino?

Es importante considerar que el efecto mariposa describe cómo una mínima variación en las condiciones iniciales de una situación puede desencadenar cambios significativos en un estado posterior. Una secuencia interminable de hechos, en apariencia interconectados, termina teniendo consecuencias impredecibles.

¿Qué posibilidades había de que un entrenador inexperto y novel fuera el arquitecto del éxito mundial para Messi?

Podríamos remontarnos al momento en que:

– El chileno Alexis Sánchez convierte su penal en la final de la Copa América 2015 contra Argentina, otorgándole a su equipo trasandino su primer título en la historia, bajo la dirección de Jorge Sampaoli, casualmente argentino. Esta derrota dejó al Tata Martino (actual entrenador de Messi en el Inter de Miami) en una posición delicada como entrenador de la Albiceleste.

– Al mismo tiempo, en Italia, un mes antes, SCALONI se retiraba del fútbol profesional y optaba por cursar el curso de entrenador (donde Marco Rocha sería su profesor).

– Posteriormente, el Sevilla, impresionado por el éxito de Sampaoli, lo contrata.

– Un año más tarde, Tata Martino vuelve a perder contra Chile en otra final de la Copa América, lo que desencadena su renuncia como entrenador de la Albiceleste, siendo reemplazado por el Patón Bauza.

– Paralelamente, Sampaoli incorpora a Scaloni como colaborador en su cuerpo técnico.

– El desempeño inicial del Patón Bauza no es satisfactorio y los resultados no lo acompañan.

– En medio de estos sucesos, en una AFA intervenida, asume la presidencia Chiqui Tapia, tras una inusual votación que había terminado en empate 38-38 entre 75 votantes (solo en Argentina ocurren estas situaciones).

– La primera medida de Tapia es destituir a Bauza y contratar a Sampaoli a un año del Mundial 2018.

– Scaloni se une al cuerpo técnico de la selección con 40 años de edad.

– La actuación de la selección argentina en Rusia 2018 resulta lamentable y plagada de conflictos internos. Scaloni se revela como un mediador hábil, estableciendo buenas relaciones con jugadores y directivos.

– Al concluir el Mundial, Sampaoli deja su cargo y la AFA, ya comprometida con agendas preestablecidas, decide otorgar a Scaloni la dirección interina del equipo hasta encontrar al entrenador definitivo.

– Poco a poco, Scaloni sortea obstáculos y acumula pequeños logros a corto plazo, lo que, a pesar de las críticas, le gana la oportunidad de dirigir la selección en la Copa América 2019, con opción de extender su contrato otro año más.

– Durante la fase de grupos de esa Copa América, Argentina estuvo al borde de la eliminación, salvada milagrosamente por un penalti atajado por Armani, preservando la vida de Scaloni y potencialmente alterando la historia de la «SCALONETA». A pesar de ello, el equipo termina haciendo un buen papel en el torneo, cayendo derrotado contra Brasil en un polémico partido, pero resaltando el liderazgo de Messi, quien, convencido por Scaloni, había regresado a la selección.

– Luego, la pandemia irrumpió, reestructurando sin querer el equipo de Scaloni y cambiando la sede de la Copa América.

– Simultáneamente, el portero titular del Arsenal se lesionó, consolidando a Dibu Martínez como titular y siendo considerado por Scaloni.

– Di María presionó mediáticamente para volver a la selección, lo que provocó una conversación privada con Scaloni, donde sellaron la paz y acordaron su regreso.

– En tanto, el encargado de ejecutar los penales en River, Santos Borré, falló repetidamente, lo que llevó a que Montiel se convirtiera en el nuevo ejecutor principal.

– Un brote de COVID en River propició que Julián Álvarez (no contagiado) tomara protagonismo y se destacara en el equipo, siendo convocado por Scaloni en el último momento para la Copa América en Brasil en 2021.

– Al inicio de la Copa América en Brasil, Armani llega al torneo con COVID, lo que impide su participación inicial, cediendo su puesto a Dibu Martínez.

– La Copa América alcanzó su punto culminante en la semifinal contra Colombia, donde Dibu Martínez fue crucial en la tanda de penales, y luego en la final contra Brasil, logrando así el primer título con Leo en la selección y liberándolo de una gran carga emocional que resultaría clave para la posterior copa del mundo.

– Enzo Fernández llega al Benfica tras una buena temporada en River, adelantando su llegada al club portugués por la temprana eliminación de River de la copa Libertadores, donde tiene un gran rendimiento y entra en la lista ampliada a 26 nombres para el Mundial como uno de los efectos colaterales del COVID.

– Otro jugador que entra «por la ventana» es McAllister, quien tenía pocas posibilidades de ser convocado, pero su excelente rendimiento, junto con la lesión de Lo Celso y la derrota en el primer partido contra Arabia donde se le anularon varios goles por centímetros a Lautaro, le abren las puertas hacia la gloria.

– Y así, desde ese día, todos elegimos creer y corregimos el ocaso con pequeños actos de fe, adyacentes a un destino ya marcado. Cada uno de nosotros, con nuestras pequeñas ceremonias caseras, fuimos uniendo los puntos hacia atrás, moldeando el destino que ya estaba preestablecido.

Es por eso que, a Roberto Cejas, desde ese día, le digo medio en chiste y medio en serio que, si él no hubiera estado en Lusail esa noche, la «atajada del siglo» (con perdón de Gordon Banks), la gran atajada de Dibu Martínez a Kolo Muani hubiera sido gol.

Por lo del efecto Mariposa…

CAPÍTULO 18: «18 DE DICIEMBRE»

«Quiero ganar la tercera, quiero ser campeón mundial…»

La noche anterior me supo interminable. Intentaba evitar pensar, mientras mi hijo recorría los pasillos de mi casa entonando sin cesar «Muchachos…», la canción que se arraigó en el corazón de cada argentino, ya sea por nacimiento o por elección, en este Mundial.

Repetía el estribillo como un mantra, como una suerte de oración secular que envolvía las gradas del estadio en medio del desierto, un cántico que humanizó este torneo sintético, envuelto en lujos excesivos y marcado por las pérdidas en el camino.

No soy partidario del populismo, pero permitidme hacer una excepción en este caso. Permítanme, solo por esta ocasión, dejarme llevar por esta súplica transformada en melodía.

No es un canto gregoriano, ni un coro celestial. Lo sé. Incluso sobra la mención a Malvinas, tornándose demasiado populista en busca de un victimismo sin profundizar en el análisis. Sin embargo, el resto de esta plegaria patriótica, transformada en canción, cosió la división por un instante, tal vez por última vez en la antesala de un pueblo dividido, uniendo nuestras voces en una plegaria eterna.

Simplista, sí, con rimas fáciles, también. Pero os aseguro que a ninguno de los once jugadores que entraban al campo en cada partido les resultó indiferente. Los impulsó a correr más, a darlo todo hasta el último aliento, a poner el corazón en cada jugada, a levantarse tras cada golpe (y fueron muchos), a creer que se puede, a amalgamar en un grito la historia del fútbol argentino en forma de «murga tanguera», extraída de una canción original inspirada en otro tango titulado «Esta noche me emborracho», escrito hace 90 años por el gran Discepolín. El mismo que, precisamente en la década del ’50, protagonizó la película «El Hincha», rindiendo homenaje al sencillo aficionado al fútbol, y nos legó una frase dogmática que decía así: «¿Para qué trabaja uno si no es para ir el domingo y dejar el aliento en las gradas, apoyando un ideal? ¿Qué sería de un club sin su hinchada? ¡Sería un vacío total! El hincha es el espíritu de los colores, invisible pero presente, entregando todo sin esperar nada a cambio. Ese es el hincha… ese soy yo», concluía emocionado.

Por eso, permitidme esta concesión popular y hacer eco de esta cultura de masas que une a todos los hinchas argentinos a lo largo de la historia, que en un acto de fe, cada domingo de cada era, han marchado en procesión para soñar con alcanzar la gloria, ya sea en grandes estadios o en campos olvidados en remotos pueblos del país, han entregado el alma para tejer la cultura del fútbol argentino, porque todos, los presentes y los que ya no están, han construido y son parte de este sueño único e irrepetible en la historia del fútbol nacional.

Este triunfo que está a punto de ocurrir es mucho más que una Copa del Mundo.

Normalmente, cosas tan perfectas no suelen materializarse.

A partir del 18-12-22, Diego y Leo serán uno, y con ellos, todos nosotros.

Es la historia perfecta de un círculo patrio que nos regala el cielo antes del gran dolor que sufrirá nuestro país, en un futuro cercano que está por ocurrir, ya que tengo la sensación casi con certeza de que Argentina está a punto de sufrir el trance más difícil de su historia, se acerca una gran tormenta, será difícil, muy difícil, pero al final saldrá el sol y será un faro para el mundo.

Este mundial fue el último acontecimiento de unión absoluta de todos los argentinos, ya que para aquellos que piensan que los mundiales solo los ganan los jugadores, les explico: esos jugadores forjaron sus sueños en las tribunas, en la herencia, en las historias transmitidas generación tras generación, en la devoción absoluta por este juego infinito.

Les aseguro también que los jugadores son tan hinchas como nosotros, y nosotros tan jugadores como ellos.

Por eso, quise contribuir a la historia del fútbol argentino rindiendo homenaje a todos los hinchas de todas las épocas a través de un hincha santafesino, a través de alguien común que lleno de fe un día, salió de su casa hace 36 años sin nada y tres días después levantó a Diego junto a la copa, y hasta hoy no ha vuelto casa, porque desde aquel día le faltaba un cierre a su historia.

Siempre sentí con inexplicable certeza que yo debería haber jugado un par de mundiales, pero no sucedió. Y nada genera más nostalgia que lo que nunca ocurrió. Aunque la búsqueda de gloria no me compensa, el hecho de haber ayudado a Roberto a cerrar su historia alivia un poco mi sed y me hace sentir que jugué un pequeño papel en un mundial, como aquel que le alquiló la tienda de animales a Stallone para la película de Rocky.

No sé qué me llevó a hacerlo en este mundial y no en otro. Quizás estaba destinado y tal vez sea cierto eso que dicen de que los puntos se unen hacia atrás. Este mundial no fue uno más, este relato nacional no es uno cualquiera, ya que esta historia legendaria será contada por muchas generaciones futuras. Me reconforta saber, que al igual que aquella tarde en el estadio Azteca, Roberto pudo respirar el mismo aire que Leo en esa tarde-noche en el desierto, en LA FINAL de todos los tiempos, lejos, como si fuera un relato onírico, un cuento mágico de las mil y una noches que a veces dudo que haya ocurrido en realidad.

Pocas cosas nos unen con Roberto, somos distintos, ni mejor ni peor, distintos, su vida es distinta a la mía, su realidad es distinta mía, seguro que hasta políticamente pensamos diferente, pero el fútbol todo lo puede y todo lo une. Me alegro de haberlo conocido.

¡Desde aquí te agradezco Cejas!

TODOS SOMOS MONTIEL

Montiel se acerca a su destino, a su momento en el penal.

No aguanto, camino hacia el pasillo de la tienda en la zona de los probadores, acompañado por Flor que me abraza.

Valen (mi hijo) decide quedarse en su butaca en el bunker junto a mis amigos.

En mi corazón resuena un relato eterno que en el futuro escucharé infinitas veces, diciendo así:

“Es el penal soñado por cualquier pibe, que arrancó a jugar en los baldíos, en el barrio, en la calle, en la vereda, en el pueblo, en la plaza. Y ese es Montiel. Somos todos Montiel. Gonzalo, vamos. Montiel al arco…”

Montiel
Montiel un seúndo antes de la gloria.

En ese preciso instante, justo antes del disparo final, la realización enfoca el cuello de Montiel, mostrando tres estrellas tatuadas, como si todo hubiera ocurrido antes de suceder. Fue el último guiño, todo nos fue dicho antes de tiempo y este momento se predijo.

Hasta donde sé, no hay registro histórico que demuestre una comunión colectiva semejante ante un evento laico, donde tanta gente experimentara simultáneamente un acto de fe tan pronunciado, sustentándose en señales premonitorias que se cumplieron tal como se presagiaba.

Lo que comenzó como un juego publicitario, algo gracioso, se volvió serio y nos transformó a todos, incluso a los más escépticos, en devotos de esta causa.

Fuimos un testigo sin precedentes de una profecía 2.0, donde de manera universal y en tiempo real, gracias a la comunicación digital, todo se viralizó antes de que sucediera el final anunciado, llevándonos hacia el cumplimiento litúrgico, la concreción directa de lo que estaba escrito.

Es la historia del círculo perfecto, que empieza en Diego y culmina en Leo 36 años después.

Estos finales de película raramente ocurren, menos aún en el fútbol. Pero, sin que suene mal, si hay un país al que podría ocurrirle esto, ese país es Argentina.

Para lo bueno y para lo malo, para ir a argentina habría que cobrar entrada, porque vas a ver lo nunca visto, es un nación insólita.

Escucho el grito de gol, me abrazo a Flor. Era nuestro destino estar juntos ahí.

Aún no caigo, no me doy cuenta de lo que acaba de pasar. Termino mi abrazo eterno con ella y corro hacia mi hijo. Todo era por él, quería que viva lo que yo viví a su edad. Mi Diego es su Leo, y esto me emociona aún más, ya que como dice mi amigo Juan Brina, «yo quería que mi hijo tuviera un ídolo sano, alguien común».

Existen momentos en la vida que deberían durar para siempre, y para mí, el cielo es ese abrazo con Valentín. Fue el momento exacto en el que me di cuenta de lo que había sucedido, que toda la suma de acontecimientos me trajeron hasta este punto y lloré como nunca antes, lloré con dolor y alivio (no lloraba sí desde el 2002 en plaza de Castilla, y no fue el mismo llanto).

En ese abrazo estaban mi padre, mi madre, mis abuelos, mi hermano (se te dió pendejo), mi hermana, toda mi familia, mis amigos dispersos por el planeta, mis ancestros, mis futuros nietos, Roberto Cejas y todos los seguidores del fútbol argentino, mi querido país, Diego, Leo y todos los jugadores que nuestra tierra ha dado, Flor y, sobre todo, mi hijo, todo mi esfuerzo fue por él… y en ese abrazo también abracé al niño que fui y nunca dejé de ser.

Si existieran múltiples realidades paralelas, creo que, desde mi perspectiva, nos tocó vivir la más inverosímil y soñada.

Solo faltó un detalle para que todo sea la exactitud de un sueño cumplido, pero los relatos reales a menudo dejan un deseo latente, una añoranza que guardamos cerca, una imaginación nostálgica de cómo hubiese sido en caso de haber sucedido.

Hubiera sido grandioso que Roberto levantara a Leo.

Solo imaginarlo me parece perfecto, pero esta película tuvo un final «realista». Leo y Roberto nunca se vieron (por ahora).

Tal vez sea lo mejor para mis egos.

Al Final Rocky, en la primer película PIERDE, pero logra su objetivo personal, que era terminar de pié la pelea, para demostrarse a sí mismo que no es un vago más del barrio.

O tal vez ESTE NO SEA EL FINAL (siempre nos queda ROCKY 2)

Aún tengo un palpito ¿por eso de las premoniciones, viste?

A esas certezas futuras algunos las llaman PUNTOS QUE SE UNEN HACIA ATRÁS…

…y a partir de ahora los llamo LATIDOS PATRIOS…