El hombre tranquilo

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Hablar de “El Hombre Tranquilo” es referirse a una de las mejores películas de la historia del cine, y espero, que cuando termine este artículo no quede ninguna duda de que se trata de una película muy “Pugilist”.

“The Quiet Man” es un film costumbrista de 1952 que nos ofrece una idílica visión de Irlanda dirigida con gran maestría por un “irlandés” nacido en los Estados Unidos: John Ford.

Sean Thornton (John Wayne), un boxeador norteamericano atormentado por algo que le ha sucedido, regresa a su Irlanda natal para recuperar la granja de su familia y tratar de olvidar su pasado. Al llegar se enamora de Mary Kate Danagher (Maureen O’Hara), una pelirroja muy guapa y temperamental, aunque para conseguirla deberá aceptar las costumbres locales, como las citas con carabina, la pedida de mano, el pago de la dote… y además, cuenta con la oposición del hermano de la chica (Victor McLaglen), una especie de cacique local, que se dedica a apuntar en una libreta a todos los que le ofenden.

El mundo del cine ha creado multitud de pueblos encantadores, pero ninguno tan maravilloso como es Inisfree. Inisfree es la quinta esencia de la tranquilidad, de la belleza, y de la armonía. En realidad, se rodó en la localidad irlandesa de Cong, un lugar mágico que se ha quedado atrapado en el halo de la película. Yo tuve la suerte de visitarlo en 2005, y se mantenía bastante parecido. Le han sacado provecho, venden merchandising de la película y han bautizado los comercios locales con nombres de los personajes. Parte de la película fue rodada en los campos del Castillo de Ashford, cerca del río, y pasearse por ellos es cómo revivir las mejores escenas, casi te parece oír la música de Victor Young de fondo.

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El talento de John Ford se palpa en cada plano. Nadie más que él podía conseguir esa aparente sencillez que irradia la película. Esa verdad tan profunda, que hace que parezca que no hay guión, que todo fluye tal cómo debería ser.
La cinta es un canto de amor a Irlanda, la tierra de sus ancestros, y desde la primera secuencia, Ford consigue que respiremos con él el aire irlandés. Consigue así elaborar la que quizá sea su película más personal, y a la vez, la más bella de su extensa filmografía.

El personaje de Sean Thornton es probablemente el mejor que ha interpretado John Wayne. Un hombre tranquilo y pacífico, terco, nostálgico y honrado, que es tomado por cobarde, y debe enfrentarse no sólo a unas costumbres y un carácter que le son extraños, sino a sus propios temores.
Él sólo quiere comprar su casa y vivir en paz, pero esto le enfrenta al cacique del lugar, Will Danagher, que resulta ser el hermano de la mujer de la que Sean se enamora. Cuenta con la ayuda de Michaleen, un borrachuzo y pintoresco personaje que le va guiando por los complicados entresijos de las costumbres locales. Cuando consigue por fin casarse con Mary Kate, su hermano le niega la dote a la que tiene derecho, y además, le golpea, dejándole en evidencia delante de todo el pueblo. Al no responder a la agresión, es tomado por un cobarde, e incluso su esposa le pierde el respeto. Lo que no saben es que él no ha querido responder porque mató a un contrincante en un asalto de boxeo y se ha prometido no volver a pelear nunca más.

Sean Thornton es un hombre “Púgil”. Elegante en sus formas, considerado, respetuoso y moderno. Trata de hacer ver a su esposa que la costumbre de la dote es anticuada e inútil. Él la quiere independientemente de los bienes que ella pueda aportar, no le importaría que acudiese desnuda a su casa (literal, y una imagen muy sensual para la época); porque él no comprende el tema de la dote, es decir, no entiende a Mary Kate.
Finalmente, conseguirá superar sus propios miedos, se pondrá en su lugar y entenderá que en esa sociedad y para ella, es algo vital, supone su herencia y sus raíces. Así dejará atrás todos sus demonios personales y se enfrentará a su cuñado en una pelea épica. La violencia necesaria para recuperar la dote es su aceptación de las reglas del juego y el inicio de la amistad con Danagher.

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Solo Ford es capaz de dotar a una historia como esta de una importante carga sentimental, y no parecer en ningún momento empalagoso. El profundo sentido del humor del director se hace patente en mil y un detalles: personalmente me quedo con los siguientes: Cuando el pueblo, en su gran mayoría católico, se hace pasar por fieles anglicanos para conseguir que no trasladen al pastor, que en realidad cuenta tan sólo con dos o tres parroquianos; la carrera de caballos donde el padre Lonergan en un momento de efusividad extrema anima a Sean en lugar de a su compañero reverendo; Michaleen y su calificativo de “homérico” a las situaciones que presencia; la infructuosa pesca en el río….

La película ganó dos Oscar: al mejor director y a la mejor fotografía en color; y tuvo otras cinco candidaturas: película, guión, actor de reparto (Victor McLaglen), dirección artística y sonido.

Según se cuenta, durante el rodaje se produjo una circunstancia que ayudó a dotar de mayor realismo a la escena de la pelea final. Por lo que dicen, el director habló con John Wayne, y le dijo que Victor McLaglen no estaba hablando bien de él, y que además le estaba robando protagonismo en la película. Igualmente habló con Victor McLaglen y le dijo cosas parecidas sobre John Wayne. Parece ser que la realidad superó a la ficción: McLaglen acabó con una pequeña conmoción y John Wayne con dos costillas rotas.

En PUGIL deberían pensarse incluir entre su oferta de productos, unas pequeñas libretas negras que podrían vender junto a las gorras. Esas gorras tan maravillosas y tan nostálgicas que tanto evocan el look de esta película.